Me llevo a algo así como una especie de tienda donde parecía tener todo lo necesario para que dejara de ser un cadáver sangrante y pasara a ser una semielfa sana y ágil.
Empezó a sacar cosas de no se muy bien donde, ya que parecía que había perdido la capacidad de enfocar.
-¿Qué haces?- pregunté exhausta mentalmente de tanto esfuerzo inútil.
No me contesto. Volvieron a pasar los segundos. Más cosas apiladas en el suelo, y mi estado de nerviosismo creciendo.
-¿¡Qué haces!?- volví a preguntar, haciendo un pésimo intento para levantarme sola. Pésimo y fallido.
Se dio la vuelta bruscamente pero con cierta... ¿Majestuosidad? ¿Seriedad?
-Dame la mano.
-¿La mano?- estuve a punto de preguntar qué mano, pero me lo tragué.
-Ese pedazo de carne sangrante que te cuelga del antebrazo.
La miré entre perpleja y petrificada. “Ya, eso...” Mientras me echaba un ungüento pastoso y la vendaba, miraba completamente ausente ese pedazo de carne. Se había hinchado, aunque me dio la impresión que lo que fuese que me había puesto estaba haciendo que disminuyera. O tal vez era que estaba fresquillo y me aliviaba bastante.
Terminó y se fue sin demasiadas explicaciones. Y ahí me quedé largos y pesados minutos, sin saber si levantarme, estirarme, pasear, fugarme, arrancarme el vendaje, arrancarme directamente la mano...
Cuando me había decidido por fugarme, puesto que no sabía ni quien me había cogido o si era alguien parecido a esos mercantes, entró una pequeñita de cabello corto y completamente blanco. Me la quedé mirando casi en el limbo, hasta que me di cuenta de que podía enfocar.
Aunque ella estaba levantada y yo sentada, me superaba por escasos centímetros.
-¿Estás bien? Circle nos ha dicho que te ha encontrado ahí...- parecía preocupada de verdad y me sorprendió, no se si por el cambio de un trato a otro.
-¿Circle?
-Sí.- sonríe y sin darme cuenta hice un intento de sonrisa yo también.- La chica que... te ha recogido.
Claro, era obvio, era la única que había visto. Luego recapitule. ¿Nos?
-¿...Cuantos... se supone que sois?
Dudó pero respondió que eran seis. Seis. SEIS. Me quedé en silencio, plateándome salir corriendo o averiguar si todos eran como esa chica o como la otra.
-¿Como que llamas?
-¿Y tú?- usé un tono de perspicacia y desconfianza. Ella puso cara de desconcierto y entreabrió la boca.
-Nayla.
-Celebräin.
Me volvió a sonreír y me cogió de la mano que tenía bien.
-¿Puedes caminar?
-Claro.
-Entonces ven afuera conmigo.
Y sin dejarme de la mano, cosa que me pareció algo inocente, me llevó hasta fuera, dejándome para reunirse con un muchacho fornido que estaba sentado en el suelo calmosamente. La tal Circle también estaba, otro estirado de espaldas a mi en el suelo y un último de rasgos más finos incluso que los de la chica del cabello blanco. Me pregunté si sería realmente un chico o una chica con poco pecho. No hubiera sido la primera vez.Me pareció que había alguien en alguna otra tienda, pero no me atrevía ni a avanzar, ni a retroceder, ni a sentarme. No me gustaba la situación, me hacía parecer y sentirme débil. Algo que no era ni por asomo.
Cele --- 4/22/2006 02:57:00 AM
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El mercader lanzaba miradas curiosas por una rendija de las telas que le cubrían de la cabeza a los hombros, mientras, nosotros seguíamos discutiendo.
- Si no teníamos suficiente dinero no entiendo porque le pagaste a el cazarrecompensas.- Hadar hizo un mohín cruzándose de brazos.
- Porque no había opción.- expliqué por enésima vez ese día.- Igualmente ya está hecho, que quieres discutir?
- No se si es buena idea eso de timarle...- la negra pareció sentir cierta pena por el azul y bajo los ojos.
- Queda mucho para eso, aun.- Meteoro acarició la cabeza de ella. Seguía cabreado conmigo, pero estaba segura de que intentaba esconder la sonrisa traviesa que se le formaba de pensar en nuestro guía solo, sin blanca y maldiciéndonos.
Me recogí el pelo y apreté el nudo de la capa marrón de esparto, imitando al resto.
- Entonces tres.- el rojo pagó al mercader.
El animal en si era un bahran del desierto, si lograba recordar. En si solo lo había visto en libros (Soutis era un lugar vede y húmedo) pero en directo era algo mas impresionante. Cuatro patas huesudas y anchas, lomo de piel gruesa, dura y agrietada que seguramente servia para soportar la sequedad y calor del desierto. Sus ojos pequeños y sus dientes grandes y cuadrados le daban cierto aspecto de idiota, pero si, estaba comprobado que era el mejor animal para hacer viajes a través del desierto, y lo suficientemente grande como para que dos personas no fueran incomodas.
Intentándome escabullir de acabar jugándonos a los dados o a cualquier otra estupidez las parejas, proclamé un bahran mío y solo mío, así que Nayla y Meteoro acabaron montando irremediablemente juntos mientras la castidad de Hadar peligraba por momentos.
Esperamos tal y como Cyrus había ordenado a la salida de la ciudad. Llegó puntual, sin duda de haberse metido en alguna pelea porque, junto al frío que desprenden los dragones azules, el pesado aire trajo olor a sangre y a flor de plomo. Lo cual es una mala combinación.
[...]
Era ya al atardecer y el viaje estaba siendo tranquilo: ni rastro de gusanos de arena, por lo que empezábamos a relajar nuestra idea sobre ser la cena del gran-orko-cyrus-ankar. De vez en cuando, hacía que nos parásemos y miraba hacia el cielo, donde yo nunca veía nada. Supuse que era alguna habilidad de los dragones azules, junto a servirme de bolsa de cubitos y así evitar que me muriera de ese maldito calor seco que te invitaba a dejarte caer en la arena y hacerte al vapor.
Escuchamos un golpe seco detrás nuestro y vimos como Wojnar caía del segundo bahran, inconsciente. A lo que todos descabalgamos para intentar ayudarle.
- Deberíamos acampar aquí.- Nayla miró con preocupación al chico mientras el rojo lo levantaba del suelo.
Esperé una queja de Cyrus, pero se limitó a resoplar y a guiarnos hasta un lugar seguro. Improvisamos una especie de haima que se camuflaba en el color de la arena y preparamos algo para cenar mientras la fiebre del plata bajaba con la temperatura de la noche.
El cansancio en todos era palpable, pero el azul parecía que se estaba muriendo y sospechaba que creía que iba a durar todo el viaje con una herida bajo la cota de malla. Meteoro le miró de reojo tras su mano mientras la cabeza del desfallecido descansaba en una de sus piernas, así que el aludido se levanto de mala gana a refugiarse a la tienda. También sabía que algo iba mal.
Intercambié una mirada con el guerrero y me levanté de la arena sacudiéndome.
- Voy a ver que hace.- murmuré.
Quizá era yo que tenía fino el olfato, pero se le podría haber seguido el maldito rastro por su sangre azul. Esperé de pie en la entrada con los brazos cruzados mientras bebía lo que parecía grog a largos tragos.
- Te vas a quedar ahí toda la noche?- pasé y me senté con las piernas cruzadas.
- Te atacó un jabalí gigante o algo por el estilo?- me miró interrogante.- Hueles a sangre desde que te uniste esta mañana. Si te estas muriendo al menos podrías intentar vendarlo.
- Tenemos un trato, no os voy a dejar tirados en medio del desierto.- Guardó silencio un instante.- Y no era un “jabalí gigante”, tan solo eran humanos.
- Siguen teniendo alma.- levanté las cejas sorprendida. Estábamos haciendo cada vez más puntos para no poder volver a ninguna de las ciudades que visitásemos.
- No la tienen, y me voy a encargar de que aprendan a no atacar a un dragón.
- Todo humano tiene alma, da igual como la utilicen, pero está ahí. Yo no te voy ha decir que no lo hagas, pero matar al asesino, no te convierte en asesino a ti también?
- Es mi trabajo.-
Mordió una manzana aun con un brazo en el abdomen y me lanzó otra a mí.
- Entonces no hay problema.- se encojió de hombros.
- Y tu? No eres tu otra asesina?
- A quien he matado yo? – mordí la manzana ante la incredulidad de Cyrus.- Hasta hace poco trabajaba como guardián de un templo, matar indiscriminadamente va en contra de mis creencias.
- Sea como sea, en vuestra aventura, tarde o temprano tendrás que matar a alguien si quieres vivir.
- Ya se dará el caso.
- No lo dudes.- continuó.
- Entonces ya elegiré matar o morir, por el momento sigo fiel a lo que creo.
- Y si se trata de matar o que muera uno de los cachorros que van contigo? que elegirías?
- Lo que crea conveniente.
Parecía que intentase que le diera la razón al muy tozudo, lo cual no iba a conseguir porque le ganaba en edad y paciencia.
- No hay nada de malo en proteger a los tuyos.- volvió a morder la fruta.
- No siempre que sepas donde se encuentra el limite y si lo crees o no ético.- suspiré.- De todos modos hay otras formas de dejar fuera de combate.
- Si crees que dejar a alguien lisiado es mejor que quitarle la vida, estás muy equivocada.- frunció el ceño centrándose en una conversación que yo prefería patear. Así que la corté:
- No es ni mejor ni peor, es lo que voy a hacer.
- Está bien.- se resignó por fin.- solo espero que no creas que los gusanos de arena también tienen alma.
- Nah, de esos ya nos hemos cargado un par.- levantó las cejas.- Algo tan asqueroso no puede tener alma.
Soltó una carcajada y apretó su herida frunciendo el ceño.
Cual hombre de las cavernas con su hacha en mano y cabeza cortada en la otra, se deshizo de su ropaje y su cota de malla, tras la cual apareció una herida muy fea, aunque medio giré la mirada por educación. Abrió una petaca y se echó el alcohol sobre ella con un quejido y varios insultos dedicados a toda la humanidad. Volvió a beber grog y yo dejé lo que quedaba de la manzana.
- Creo que hubiera sido mucho mas fácil preguntarme “tienes algo para curar esto?”
- No te han enseñado que lo que pica, cura?
- No te han enseñado que el veneno de flor de plomo hay que curarlo con un remedio simple?- saqué de mi equipaje unas hojas secas que mezclé con agua y piqué hasta convertirlas en pasta.- Póntelo.
Se lo acercó a la nariz y lo olió.
- Dioses, esto apesta.
- Es que no tienes que esnifártelo.- lógico.
- Cuando lleguemos a la ciudad las dragonas no querrán acercárseme.- levantó el mentón indignado mientras se cubría la herida con el remedio y las vendas.
- Si llegamos a la ciudad sin que te haya dado un paro cardíaco a causa del veneno, me lo agradecerás.- se quejó de nuevo por la herida mientras trataba de vendarse sin mucho éxito.- Y yo agradeceré que no grites de dolor esta noche y podamos dormir todos.
Me miró frunciendo el ceño, volviendo a vendarse la herida como si fuese un maldito bocadillo. Se quejó de nuevo.
- Vale – me acerqué.- ya te ayudo, pero para de quejarte, me estás poniendo de los nervios.
Estiré fuerte de las vendas hasta conseguir algo pasable, le golpeé el lado cuando acabé para reírme solo un poquito mas de él antes de volver a fuera.
- No te quejes tanto, se supone que eres fuerte y duro y demás, o no? Meteoro no se ha quejado desde que volvió y está peor que tu.
- Bah.- vació su jarra.
- Acabaras cogiéndonos cariño.- y el azul, sin blanca y maldiciéndonos volvió a mi mente, mientras el rojo se reía en algún lugar lejano.
Me levanté y me acerqué a la salida, quería ver si Wojnar se había despertado por fin y podíamos irnos a dormir.
- Dile al mediorrojo que a mitad de la noche le despertaré para que me revele en la guardia.
Asentí moviendo mi mano de espaldas y volví al fuego, donde el plateado decía que necesitaba fumar algo y Hadar propuso –por fin- ir a descansar.
Recogíamos las cosas del campamento improvisado cuando oí un gemido al otro lado de la duna que nos resguardaba del viento caliente.
Una chica medio muerta delirando.
- No estoy muerta...
Rinoa --- 4/11/2006 06:01:00 PM
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El calor del día me despertó... Eso y el constante y molesto ruido que supuse que hacia un rato había a mi alrededor.
Tan solo abrir los ojos y enfocar la vista me encontré con una nariz prominente a escasos palmos de mi cara y detrás dos rendijas verdosas. Me quedé en silencio, observándolo. Fui bajando la vista hasta su boca .Se abría y cerraba produciendo unos ruidos que supuse que eran palabras... palabras entendibles solo entre ellos. Estuvo un rato así, hablándome y sin que yo le entendiera ni jota.
-Oye...- calló. Sentada como estaba, hice algún gesto con las manos para indicarle que no le entendía, pero no sirvieron de nada. Reemprendió su habladuría.- Que no te entiendo, hostia.
Me levanté expulsándome la arena que se había instalado en toda mi ropa y pelo. Mientras lo hacía, miré a mí alrededor, ignorando las miradas inquisitivas e inquietas. Desierto aquí, desierto allá, y una duna que se disipaba más lejos. Suspiré y me puse una mano en la cadera. Genial, algún día saldría de ese infierno de calor diurno.
Refunfuñando por lo bajo y siguiendo ignorando las miradas de esa gente extraña y sin ningún merito a la vista para merecerse mi confianza, recogí alguna cosa que me había caído mientras dormía y desaparecí de allí, resuelta y empeñada en salir del horno amarillo.
Seguí cansinamente la travesía que duraba demasiado, a mi gusto. Gracias a mi buen juicio de volverme a tiempo, había logrado sacarles algo de agua de esos mercantes. No confiaba en ellos, pero estaba claro que no podían ser tan idiotas como para poner algo raro en sus propias provisiones de líquido. Aun así, seguí bebiendo de la mía hasta que no pude más, es decir, hasta que se acabó, apenas unas horas después. Con los pies calientes y la garganta casi quemando, decidí parar a refrescarme, beber, y seguir... hasta el final, si es que existía, cosa que empezaba a dudar.
-No.- me reproché a mi misma destapando el frasco con agua.- Todo tiene un fin...
Y ese debía ser el mío. De aun no se donde salió una especie de ave con pico y patas afiladas, de colores amarillentos, los mismos que la arena de alrededor. Sin tiempo a reaccionar debido a la posición en que me encontraba, se lanzó con un chillido hacia la mano con la que sujetaba el odre de los mercantes. Moví un poco la muñeca por instinto, logrando que me rasgara toda la mano. Reprimí un gemido de dolor y las ganas de mirar hasta donde cojones había llegado el maldito pájaro y su picotazo, y me concentré en él. Había dado la vuelta y volvía al ataque. Le recibí con una patada, espachurrándolo en el suelo, pero debió ser demasiado débil. Se levanto casi al instante y volvió a dirigir su ataque a mi mano, esta vez con éxito y clavando su pico en pleno frasco, atravesándola y volviendo a herirme la mano, esta vez por dentro. El agua empezó a desparramarse por su pico, y viendo que realmente ya no me serviría de nada, la solté. Agua y bicho se largaron surcando los aires.
No tardé demasiado en salir corriendo detrás. Total, no tenía demasiado que perder: mercantes lejos, fin lejos.
******
Había anochecido, la temperatura había descendido algunos grados, y yo había dejado de correr como una estúpida. Hacía apenas una hora que había encontrado el ave muerta con el odre todavía clavado en el pico. Así que sí eran suficientemente idiotas como para intentar envenenarse unos a otros... tal vez no fueran mercantes, a fin de cuentas.
Refunfuñé, mosqueada conmigo misma por pararme a pensar en esa burrada. Que más daba, ellos seguirían vivos con un poco de suerte. Yo, en cambio, moriría deshidratada por haber corrido como una estúpida detrás de un pájaro que no se digno a dejarse matar por mí.
Sin apenas darme cuenta me fueron flojeando las piernas hasta terminar de cuatro patas en el suelo, hasta derrumbarme. Cerré los ojos para que no se me metiera arena en los ojos, pero no pude evitar que algunos se me colaran por la nariz. Fue en eso en lo único que pensé cuando perdí el mundo de vista.
******
Algo me acarició la nariz. Ya no estaba con la mejilla pegada a los granitos de arena, sino que tenía la espalda y el cabello. Entreabrí los ojos: una muchacha de lacio cabello negro y ojos rojos me miraban. Me parece que murmure algo así como “No estoy muerta, no...” y me intenté levantar. O tal vez solo era ella que tiraba hacía arriba para que me levantara y fuera con ella.
Fuese como fuese, me sentía torpe y atontada como para darme cuenta de algo. Opte por dejarla hacer, volvía a no tener nada que perder.
Cele --- 4/11/2006 12:52:00 AM
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Nuestra salida de la ciudad fue cuanto menos veloz.
Concretamente...como si nos persiguiera algun tipo de monstruo.
El trote de aquel bicho me destrozaba la espalda, pero al menos tenia suerte con el guia.
El chaval moreno parecía saber bien lo que hacia,... yo me limitaba a agarrarme a su cadera y rezar no se exactamente a que o a quien.
No me gustaban los bichos...y nome gustabair subido sobre ninguno...y me estaba mareando con el puto valanceo...por dios...
-Todo bien?-giró un poco la cabeza hacia mi y asentí.
Y asi estabamos aquel día. Todos parecían estar hasta de buen humor por dejar la ciudad y tenerse que chupar a camello un desierto entero.
Ojalá yo tubiera humor para tanto.
Seguía encontrandome mal. De echo...cada vez peor.
Nada que tomar, nada que beber, nada que fumar. Arena. Solo arena.
Supuse que de noche haría menos calor (me parecía imposible que llegara a hacer mas).
-Que demonios os pasa? os dormis- chilló el dragón azul girando la cabeza hacia nosotros- si alguien se queda rezagado no volveremos a por él- ñañaaña...cretino. No acababa de fiarme de él y no comprendia porque ellos si.
La forma de mirarnos de aquel hombre me dejaba claro que si podía, nos perdería en cualquier duna.
Pensé por un momento en que no me había despedido de nadie. Muchas veces había salido de la ciudad sin decir nada, pero habia vuelto a ella al poco tiempo.
Sin envargo aquella vez era diferente. No volvería en mucho...mucho tempo.
Jamás había estado por aquellos parajes. Desdemi nacimiento habia estado en muchos sitios pero todos opuestos en el mapa a ese.
Sonreí al recordar parajes verdes.
-Me alegro que al final te decidieras a venir- sonrió el chico desde delante.Le sonreí tambien. Fué lo ultimo que pude hacer antes de que todo girara sobre si mismo. Quise agarrarme pero se me escurrió de entre las manos blanco y etereo. El cuello dolía, tanto que deseé que algún animal me arrancara las venas a mordiscos. No sentí la caida pese a quesabía que había golpeado el suelo.
Abrí los ojos lentamente. Ante mis narices tenía las caritas asustadas de Nayla y Hadar.
Sonreí debilmente. Era de noche...habían acampado.
Al verme despierto ambos comenzaron a hablar a la vez, con cierta ¿alegría?
-¿Mejor?- Ruye a mi lado. Asentí tratando de incorporarme, pero no pude.
Digeron que había sido una insolación, pero yo sabía que no.
Nadie dijo nada mas. Esperaba algún tipo de bronca por el incidente, pero nada. Ni siquiera por parte del dragon azul.
lady_of_chesire --- 4/10/2006 09:54:00 PM
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Falta ya poco para el anochecer y termino de abrocharme y ajustarme todas las correas y cintos de mi "uniforme" de trabajo. Cimitarra afilada, ballesta preparada, munición suficiente a mano y un par de dagas escondidas pero accesibles. Inspiro profundamente.
No le había dejado de dar vueltas desde que el medio-rojo me lo dijo. "Tenían guantes de piel de dragón". El muy bastardo seguro que sabía cuál sería mi reacción, y me fastidia seguir su juego. Pero es algo que he de hacer. Guantes de piel de dragón... Esa escoria no merece respirar ni un segundo más.
Ya me había enterado en las calles de quiénes habían sido los responsables: algo más de una decena de cazarrecompensas humanos liderados por un tal Jack el Matadragones. Al parecer ese desgraciado es el hijo del único que sobrevivió a la Muerte Roja. Y, cuando por fin tenía la cabeza del Diablo Rojo en sus manos, a las pocas horas se había transformado en la de un desafortunado infeliz. Habían sido engañados con magia, y planeaban venganza. Para su infortunio, sé dónde se reunirán esta noche: la Taberna del Cazador. Un sitio repelente donde los haya, exclusivo de humanos.
En realidad, voy a salvarle la vida a ese maldito mestizo. Pero no soporto a los cazadores de dragón... Seguramente le daré una buena paliza yo mismo al medio-rojo para quitarme el cargo de conciencia.
Me pongo una capa encapuchada y me dirijo con paso firme hacia donde se reúnen esa basura humana. Cuando llego a la Taberna del Cazador, apenas queda media hora para la puesta de sol. Del interior salen gritos y blasfemias contra los dragones, y clamores de venganza.
Entro abriendo la puerta con violencia, y los presentes se giran hacia mí.
—Quién es Jack Matadragones —pregunto con calma.
Un guerrero que estaba de pie encima de la mesa se pone firme y contesta de mala gana.
—Soy yo. ¿Qué demonios quieres?
Me quito la capucha con parsimonia, y queda al descubierto mi cara. Piel muy pálida, ojos como zafiros y pelo azul intenso. Todo un dragón azul inconfundible.
—Matarte.
Todo lo que ocurre a partir de aquí lo hago mecánicamente, casi sin pensar, dejándome guiar por mi instinto, la experiencia, y la furia. Dardos de ballesta a bocajarro, tajos de cimitarra, alaridos desgarradores, extremidades desmembradas, sangre a chorros, y la cabeza del tal Jack rodando en el suelo. Sólo me detengo cuando el último de los humanos cae muerto. Escupo sobre él.
Registro los cadáveres para recuperar los guantes de dragón. No puedo evitar un escalofrío cuando los cojo. Preciadas vidas de dragones, en las manos de unos desalmados. Me enfurezco todavía más. Cuando acabo de meter todos los guantes en mi bolsa, me doy cuenta de que mi sed de sangre aún no ha terminado. Pero el anochecer ya está al caer y seguramente la Guardia de la Ciudad llegue aquí en unos instantes.
Salgo de la taberna corriendo y ya oigo los gritos de los soldados. Me alejo del lugar y me escondo en un callejón. Me quito la capa, perdida de sangre, y me llevo una mano a un costado que me duele. Sangre. Alguno de esos bastardos ha debido darme un tajo. Me quito la cota, abro mi petaca, vierto alcohol en la herida e improviso un vendaje rápido. Vuelvo a ponerme la cota de malla por encima, no se nota casi. Mejor, no quiero tener que dar explicaciones al grupito de cachorros.
Vuelven a llegarme las voces de los soldados y echo a correr hacia la salida oeste de Carfana. Más les vale estar allí con los malditos camellos a punto. Permanecer ahora aquí es muy inseguro.
Al cabo de unos minutos, llego jadeando a la salida de la ciudad y veo que ya tienen todo preparado. Tres camellos: en uno el medio-rojo y la negra, en otro el plateado y el otro mestizo, y en el último la dorada.
—¡Vámonos! ¡YA! —grito.
Me subo con la dorada y les meto prisa para irnos. Parecen extrañados, pero no hacen preguntas. Las miradas del medio-rojo rozan ya la impertinencia (como si el muy bastardo no supiera lo que ha pasado) y hago todos los esfuerzos que puedo para ignorarlas.
Dejamos atrás la ciudad y nos adentramos en las dunas del desierto. Los camellos van muy cargados, pero supongo que no se habrán podido permitir comprar más. No sé cómo demonios piensan pagarme... Preocupación que se diluye con el fuerte dolor creciente de la herida en mi torso. La maldita espada debía de estar envenenada o algo...
BenKo --- 4/09/2006 10:08:00 PM
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