Apenas volvimos a mediar palabra en el camino de regreso pero casi podría decirse que el entrenamiento había empezado, porque Wojnar no estaba especialmente habituado a moverse por los tejados, pero dada su agilidad pareció desenvolverse bien y al rato ya empezaba a moverse con cierta confianza entre saltos y escaladas. Eso sí, al llegar a la taberna parecía bastante cansado. Me plantee si podía haber consumido demasiada energía en el hechizo, por falta de costumbre, puesto que no pensaba que alguien de su gremio pudiera cansarse físicamente muy fácilmente…
- ¿A qué estás esperando? – me había quedado con la mano en el pomo de la puerta de la azotea. Era la mejor entrada dada la situación, pero me sorprendió percibir un rastro de esencia mágica en el lugar y por eso me había detenido.
- Estate calladito, no tengo ganas de pagar un plus por tu estancia – contesté abriendo la puerta. Me quedé algo pensativo; lo que realmente me sorprendía había sido identificar el rastro directamente con Circle, no tenía ninguna duda pero, eso no era normal. Alguien entrenado puede detectar leves rastros mágicos de distintos tipos, pero que esos rastros pudieran tener huellas identificativas no…
- ¡Cabezón! ¡Te estoy hablando! – Argh, maldito crío.
- ¿Qué quieres?
- Qué cuál es nuestra habitacióooonnn…
- Métete en mi cama – le ordené al entrar. Me extrañó que Hadar no estuviera en la suya. Tal vez se había quedado con las chicas.
- ¡Vaya, qué directo! Me gustan los chicos lanzados pero que sepas que…
- ¿Se puede saber de qué estás hablando? –le corté fulminándole con la mirada- En el caso de que duerma…
- ¡Claro que vas a dormir! – esta vez fue él quien me cortó - ¡Tienes que guardar reposo con tanta herida! – se puso a sacudir de nuevo los brazos.
- ….lo haré en la otra cama – proseguí ignorando su mirada de reproche- si es que Hadar no vie...
- ¿Ese chico tan mono de antes? – otra vez. Respiré profundamente para evitar hacer algo de lo que luego me arrepintiera.
- Sí, ese mismo. – sonrió extrañamente- Voy a ver si está con el resto del grupo.
- Te acompaño.
- No – me impuse en el marco de la puerta.- Tú quédate aquí, duerme y descansa. Esa especie de hechizo del bosque ha agotado parte de tus energías, y tienes que empezar a saber controlarla, o al menos, saber cuándo y cómo recuperarla.
- ¿Es que esto también es parte del entrenamiento?
- Todo será parte del entrenamiento. Y hazme caso, mañana nos espera un día muy largo. – Cerré la puerta ignorando sus posibles réplicas.
Me dirigía a la puerta de al lado meneando la cabeza, (iba a necesitar mucha paciencia para tratar con Wojnar) cuando al levantar la vista me encontré con Nayla observándome impasible desde la puerta. ¿Iba a entrar o acababa de salir? Le sostuve la mirada hasta que no aguanté más, no quería saber si era dolor lo que leía en sus ojos. Ella avanzó dos pasos.
- Meteoro… - cogí aire, su voz sonaba casi apagada - …¿por qué no me lo contaste? – avanzó un par de pasos más. Solté el aire en un suave suspiro.
- Todos tenemos nuestros secretos. – contesté con amargura. Ella se llevó una mano al pecho.
- Me gustaría que para mí no los tuvieras. – Sonreí tristemente. Eso era de agradecer, pero…
- ¿Tú me lo habrías contado? – bajó la cabeza. No, claro que no.
- Cómo… - la oí murmurar suavemente. Di un paso hacia ella para oírla mejor, ya apenas nos separaba un metro.- …¿cómo se llamaba? – Por un efímero instante no entendí a qué se refería, hasta que me miró a los ojos. Algo dentro de mí se quebró cuando miré esos hermosos ojos que me impedían alejarme de allí. Una sombra del pasado se alzó detrás suya, mirándome con benevolencia y una sonrisa en el rostro. No, no podía, era demasiado pronto. Me dolía tanto recordarle como nombrarle.
- ¿Está Hadar con vosotras? – pregunté al cabo de un corto silencio mirando hacia su puerta. Cobarde. Maldito cobarde. La oí suspirar rendida, y me contestó mirando al mismo punto que yo.
- Sí. Creo que Circle y Nea están dentro también. Me iba a acostar cuando te he visto.
- Ya… quería asegurarme. Yo montaré guardia esta noche, debo seguir alerta hasta que marchemos y estemos lo suficientemente lejos de aquí.
- Nea se queda.
- ¿Qué? – pregunté extrañado.
- Que Nea se queda. Dice que Carfana todavía puede ser una buena fuente de información, y para ello debería quedarse alguien que conociera la ciudad…
- …entiendo – Conociéndola, realmente la entendía. Carfana podía resultar un hogar para gente como ella y yo. Será una lástima perderla en el grupo- Por cierto, cuando entres dile a Hadar que en la habitación está el chico de antes dentro, Wojnar, al final vendrá con nosotros. - Nayla me miró con sorpresa.
- Pero, ¿no decías que…?
- He cambiado de opinión. Yo…me recuerda demasiado a mí, creo. – Me di cuenta que había estado pensando en voz alta- Además, -seguí rápidamente- no tiene a donde ir, yo me haré cargo de él.
- ¿Cómo que no tiene a donde ir?
- Ya te lo explicará él si os hacéis amigos – le contesté sonriendo mientras le ponía una mano en la cabeza. Ella siguió inmutable.
- ¿Me consideras una niña? – dijo con cierta tristeza pero con fuerza en la voz.- Porque no lo soy. – Una media sonrisa fue lo que apareció en mi rostro.
- Claro que no. Eres toda una mujer. – Tomé suavemente su mano entre las mías y besé aquella blanca piel que yo mismo desconocía lo mucho que anhelaba.- Buenas noches – le susurré.
Proseguí mi camino hacia la ventana del pasillo, donde pensaba pasar la noche, aun desconociendo que era allí donde Nayla había pasado gran parte de la tarde.
- Por cierto… - no se había movido, sólo giró la cabeza levemente. Apenas veía su perfil, la vista clavada aparentemente en el suelo - …se llamaba Sagos.
Giré la esquina del pasillo y me senté en una silla, enfrente de la ventana. Me puse por encima la túnica que había cogido de la habitación, no fuera que entraran ojos indiscretos por aquella ventana. No tardé en oir cerrarse la puerta de la habitación de las chicas. El silencio reinaba en las habitaciones..
Lyra --- 11/17/2005 05:51:00 PM
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Suspiré. Cuando Wojnar se alejó le observé marchar, no pensaba impedírselo. Había llorado, pero lo disimuló fácilmente, supuse que, llevando una vida como aquella era algo que sería se habría vuelto instintivo. Me había impresionado. Era duro ser esclavo pero, al contrario de lo que piensa la gente, es más duro todavía ser un esclavo sin amo pues, realmente, podrían hacerte cualquier cosa. A no ser que supieras ocultarlo…algo seriamente complicado en una ciudad como Carfana
Sentí la mirada de alguien en la nuca y me giré. Me extrañó verla de nuevo, pues no solía ocurrir tan frecuentemente, aunque, dadas las circunstancias… con los brazos en jarra, me miraba con reproche y el ceño fruncido.
Recuerda este día Meteoro, recuerda tu odio y tu desesperación en este momento
¿Por qué?
Por qué. Estaba claro por qué. Odiaba sentirme culpable. Farfullé algo mientras me levantaba de mala gana, pateando una de las cajas cercanas; tampoco era normal que ella insistiera tanto en algo.
Cuando le localicé me subí a unos tejados cercanos para seguirle, pues si en teoría estaba muerto no era el mejorar momento para pasearme por las calles de la ciudad. Sobretodo porque, seguramente, el hechizo ya se habría desecho.
Casi se había hecho de noche cuando se internó en el pequeño bosque que empieza a expandirse desde Carfana en dirección a Paix…ese mismo bosquecillo por el que habíamos llegado a la ciudad Hadar y yo días atrás…dejé que pasaran unos minutos para aumentar la distancia entre los dos y le seguí. Tenía la corazonada de que seguramente, estaría a punto de derrumbarse. Observar a alguien mientras cruza casi toda la ciudad da para mucho, y mi nuevo conocido tenía un par de comportamientos que me habían llamado bastante la atención, pero aparte, no era más que un chico normal como cualquier otro. Soportando el peso de una maldición, sí, pero no era el único….
Y allí estaban él y el arbolito, en aquel pequeño claro. El choque contra una cruda realidad, que podía cambiar. Era cuestión de esfuerzo y perseverancia. Me acerqué por detrás sin emitir sonido alguno, y extendí mi brazo junto al del semiplateado, obligándole a señalar a su enemigo. Sabía lo necesario que podía ser un guía, un apoyo, y lo difícil que resultaba estar solo. Completamente solo.
Solos tú y Enterra.
El arbolito se quebró bajo la ráfaga de viento de Wojnar, que resultó de un color extrañamente espeso, algo no muy común. Aquello era más que un principio.
- Si aun no te has arrepentido, ven con nosotros – No aparté la mirada del tronco partido. Estaba decidido - puedes entrenar conmigo...si es que quie…
- Si que quiero- me cortó. Yo suspiré mientras viajaba a un pasado que no quería recordar, pero para eso, siempre estaba ella.
- Entonces vamos a dormir – me giré volviendo sobre mis pasos, de nuevo la taberna como destino.- Mañana será un día largo.
No, realmente no me gustaba recordar el pasado…
Lyra --- 11/16/2005 09:24:00 PM
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*Toc, toc*. Llaman a la puerta de mi dormitorio mientras terminaba de ponerme las botas.
— ¿Quién?
— Quiero hablar contigo —es la voz de la dorada. ¿Qué querrá?
La puerta de madera crujió cuando la abrí. En el umbral estaba la dorada, seria pero serena. Le hice un ademán para que pasara y cerré la puerta una vez hubo entrado. Ninguno de los dos se sentó.
— Tengo una propuesta para ti.
— Tú misma.
— Ven con nosotros fuera de Carfana.
— ¿A Lametla?
La dorada asiente con la cabeza y yo no puedo evitar una carcajada. ¡A Lametla con esa cuadrilla de cachorros y mestizos!
— ¿Y por qué habría de hacer yo tal cosa?
— Es un favor que te pido. Meteoro no está recuperado del todo, Nea se quedará en la ciudad y yo no puedo llevarlos a todos.
¿Un favor? Yo no hago favores.
— ¿Y qué me ofreces a cambio? Cargar con unos cachorrillos en medio del desierto no es tarea fácil.
— ¿Qué es lo que quieres?
— 500 monedas de plata —lo normal por un trabajo así hubieran sido unas 300, pero aguantar al mediorrojo tiene un plus.
— ¿¡QUÉ!?
— El desierto es peligroso. Además, es la ley de la oferta y la demanda. Ahora mismo, dudo que puedas encontrar no sólo un guía, sino un guardaespaldas que esté dispuesto a acompañar a un grupo tan extraño como el vuestro por menos dinero.
— No estarás solo. Meteoro y yo podemos combatir. Es... por si surge algún problema —no pienso confiar mi vida a un mediorrojo, gracias.
— 500 monedas —me mantengo inflexible—. 100 ahora y el resto cuando lleguemos. Soy un profesional: si hubiera un herido grave, os devolvería el dinero.
Sigue indignada por el precio y se encarga de demostrármelo con una mirada fulminante. Realmente las doradas son difíciles de tratar...
— Tú decides si confías en mí o no. Si no lo haces, saldré ganando. Luego podré pasarme a por vuestras pertenencias cuando los carroñeros devoren vuestros cuerpos.
Permanece callada durante unos instantes mientras se lo pensaba. Finalmente, acepta y me tiende la mano.
— Tenemos un trato entonces —digo mientras le doy un apretón—. Hablemos de los preparativos. Iremos por tierra, ya que dudo que los mestizos puedan sobrevolar el desierto. Necesitaremos camellos.
— ¿Sabes dónde encontrar?
— Sí, en la salida norte de la ciudad. En camello tardaremos tres días y dos noches. Sería conveniente llevar agua y comida para al menos cuatro días, por seguridad.
— Me ocuparé de ello. ¿No hay algún oasis en la ruta dónde podamos conseguir agua?
— Hay uno, pasaremos la segunda noche ahí. Pero yo no contaría con ese agua... por si hubiera gente indeseable por allí.
— ¿Qué tipo de gente... indeseable?
— Gente que no quieres ver. Bien, encárgate de conseguir provisiones. Nos veremos en la salida oeste de Carfana cuando se ponga el sol. Y, por los dioses, si no estáis a esa hora, partiré sin vosotros.
Tengo asuntos que resolver con ciertos desgraciados con guantes de piel de dragón...
BenKo --- 11/13/2005 07:13:00 PM
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