Me estaban apalizando. Había conseguido cargarme a bastantes más de aquello bastardos pero, ahora, tirado en el suelo, no era más que un mestizo siendo apaleado por una jauría de humanos. Escupí sangre cuando volvieron a patearme el estómago. El dolor me estaba matando y las heridas de la maldición estaban haciendo que me volviera loco. Apenas podía pensar, lo único que sentía era dolor. Ni siquiera oía los gritos de mis atacantes.
Me lanzaron contra una pared y los que quedaban en pie se detuvieron unos instantes a observarme. Aproveché para respirar hondo y recuperar aire pero, sólo conseguí toser patéticamente mientras volvía a escupir sangre. Debía de tener algun pulmón perforado, si es que no tenía los dos. Apoyé la cabeza en la pared y pude ver con el único ojo que podía abrir como un par de aquellos tipos se acercaban para levantarme por los brazos de no muy buenas maneras. Me arrastraron hasta tirarme en medio del grupo, como si sólo fuera simple basura. Sonreí, aunque dudo que se me notara. Una mujer que conocía muy bien me miraba con cierto aire de preocupación, arrodillada junto a uno de los cadáveres. Y comprendí. Me incorporé como pude, soportando el desgarrante dolor y me dirigí entre golpes y empujones hacia ella. Cuando caí sobre el cadáver, ya había desaparecido. El líder del grupo me giró, tenía un hacha en la mano. Iba a decapitarme.
- Ha llegado tu ahora, Diablo.
Yo sólo cerré los ojos.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Sus gritos llegaron hasta mis oídos; estaban eufóricos. Imaginé que alguno de ellos estaría sacudiendo mi cabeza en el aire. No sabía dónde me encontraba, pero preferí esperar a que se alejaran para moverme. Me mordí los labios hasta clavarme los dientes ara no toser, gritar, ni siquiera respirar. Estaba demasiado cerca de ellos.
Al cabo de un rato noté como iban marchando. Abrí el ojo, todo era oscuridad a mi alrededor, aunque madre me sonreía desde un rincón. Comencé a arrastarme como pude, rezando por no encontrarme con ninguno de aquellos bastardos. Supongo que el deseo de vivir te da ciertas 'fuerzas' aún cuando estás al borde de la muerte. Con toda la energía que había gastado en el hechizo no entendía como lograba siquiera moverme. Crear la ilusión de mi cadáver con aquel cuerpo me había agotado sobrepasando mis límites, y sino llegar a ser por ella, dugo que hubiera logrado transportarme hasta aquel oscuro lugar. Me alejé todo lo que pude, arrastrándome a duras penas por una callejuela todo lo que pude, hasta que perdí el conocimiento.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Me encontraba en una de las guaridas de los Malditos, mi clan. Me dolían las manos. Las miré. Estaban llenas de callos que sangraban, heridas en carne viva. Unas lágrimas me resbalaban por las mejillas. "Mírate, no sabes hacer nada, crío inútil", padre me miraba con desprecio, por la altura deduje que yo no tendría ni quince años.
Aquello ocurrió hacía mucho ¿qué hago recordando esto? Me sentía lleno de rabia y el abuelo se abstenía de decir nada delante de padre. El odio me corroía las entrañas y yo huí al bosque. Quería entrenarme para lograr derrotar a padre. Madre se acercó por detrás y me abrazó, me dijo en susurros que me concentrara. Yo también la abracé, realmente estaba allí conmigo, no murió cuando nací. No... me tenía entre sus brazos, brazos pequeños y débiles, pero cálidos. "Recuerda este día Meteoro, recuerda tu odio y tu desesperación en este momento". "¿Por qué?" pregunté mirando sus ojos claros, en los cuales ví que quien se reflejaba, no era más que un muchacho. "Despierta" dijo sonriendo y noté sus dulces labios en mi frente...
Abrí los ojos lentamente. La tenue luz de la habitación llegó a molestarme. Comprendí que había tenido un sueño, o que había estado delirando, pero me extrañó continuar sintiendo la calidez de los brazos de madre. Estaba algo aturdido, el cuerpo ya no me dolía tanto y me encontraba en una mullida cama. Intenté incorporarme para observar el lugar pero, algo me lo impidió. Cuando me di cuenta de que era un muchacho de tez pálida abrazado a mí.
- ¿¡Pero qué demonios!? - al incorporarme bruscamente por la impresión tiré al chaval al suelo. Él y mis huesos se quejaron amargamente.
- Aaayy... -dijo frotándose la cabeza- ...veo que te recuperas pronto, chico fornido -sonrió.
- Maldita sea... -murmuré poniéndome una mano en el costado. No es que el cuerpo ya no me doliera tanto, es que se me había adormecido y ahora se estaba despertando. Y el dolor con él.
- No me extraña que te duela, con el mal despertar que tienes - se había levantado y me miraba con las manos en la cintura.
- ¿Quien coño eres y dónde estoy? - En realidad, era cierto que tenía un mal despertar. Pero era comprensible, dada la situación...
- Eeeh, a ver si te voy a tener que lavar la boca con jabón, jovencito -dijo reprochándome con el dedo- No se le habla así a tu salvador.
- ...¿salvador? -dije con reticencia
- Seeep. -el chico empezó a moverse por la habitación recogiendo frascos, vendas y algunas herramientas médicas.- Te encontré medio muerto en un callejón. Bueno, más bien tres cuartas partes muerto -me miró- y si no es por mí y mis contactos ahora mismo no estarías ahí, mirándome así.
- Ya... -recordé la noche anterior. Cuanto más despierto me encontraba, más iba notando el dolor. Sobretodo interiormente, las heridas superficiales parecían haber sido bien tratadas- ...gracias
- No hay de qué, ha sido todo un placer -dijo con una extraña sonrisa.
- ¿Y puedes decirme dónde estoy? -pregunté mientras echaba un vistazo al cuarto.
- Pues...digamos que en una especie de...posada...
En ese momento llamaron a la puerta y una humana despampanante, casi semidesnuda, entró por ella. Se me quedó mirando en cara de sorpresa.
- ¡Dioses, Woj! - se llevó las manos a la boca- ¿Cómo consigues unos clientes tan..tan..macizorros? -le preguntó al chaval mientras me señalaba.
- No es lo que piensas, Crite -respondió riéndose.
- No seas modesto, Woj. Menuda marcha debe de haberte dado éste, aunque está algo chungo con tanta venda. ¿Cómo haces para llevarte a tipos así a la cama? ¡Y sin chulo! ¡Pero fíjate que brazos y que pectorales! - la humana se me acercó con una clara intención de manosearme o algo peor, antes de que reaccionara, el muchacho habló.
- Déjalo Crite, no le interesas.
- Aaah... -suspiró la tal Crite, poniéndome morritos- ¿Por qué todos los bomboncitos teneis que ser gays? -la humana besó tiernamente al chico en los labios y se marchó. No salía de mi asombro.
- No me mires así, hombre, no es culpa mía que esté un poco...salida
- Con que..una.."posada"... -murmuré entre dientes.
- Nonono, yo te he dicho 'una especie de posada', así que no te he mentido.
Cerré los ojos y me eché hacia atrás. Empezaba a dolerme la cabeza. No podía creer que había escapado de los brazos de la muerte para acabar en los brazos de un...
- ¿Trabajas aquí?
- No exactamente -me quedé blanco cuando vi que "Woj" estaba doblando mis pantalones. Dioses, ¿cómo había podido acabar en un burdel?- Ahora voy por libre, pero aquí siempre me han cedido un hueco de tanto en tanto. Fui varias veces empleado del mes ¿sabes? -dijo con una sonrisa llena de orgullo mientras dejaba los pantalones en mi cama. Me pareció oirle decir algo como "..aunque ella también"
- Qué honor... -murmuré a desgana.
- ¿Algo que objetar? -me preguntó algo molesto- Que sepas, Don Pupas, que es gracias a antiguos clientes míos que estás vivo. Los dejé tan satisfechos que harían cualquier cosa por mí y mi silencio. He estado en muchas camas de la zona norte, incluídas las de médicos, magos y alquimistas. Así que a callar.
- Ya te he dicho que gracias -repuse mientras me levantaba bruscamente y me ponía los pantalones. ¡Reprimendas a mí! No me percaté de la mirada del chico.
- ¿¡Pero se puede saber qué estás haciendo!? -chilló mientras se abalanzaba contra mí- ¡Tienes que guardar reposo! ¡Se te van a abrir las heridas!
- Estoy bien -dije. Las heridas malditas cicatrizaban relativamente rápido, y en comparación con la noche anterior, era verdad.- ¿y mis cosas?
- ¿Para qué?
- Para irme.
- ¡¿Estás loco?! ¡¿Dónde pretenes ir así?!
- A tí no te importa.
- ¡Oye! Que te he salvado la vida. Además, apenas puedes andar.
- Sí que puedo andar, ¿ves? ¿y mis cosas?
- ¡Pero que cabezón eres! -dijo sacudiendo los brazos. Localicé mis cosas en un rincón de la habitación.
- ¿Has lavado mi ropa? -pregunté extrañado.
- Pues claro. Y también la han cosido, anda que menudas pintas me llevabas..
- Necesitaré una camiseta, o algo.
- Que va, hombre -el chaval sonrió y yo alcé una ceja. ¿Cómo no iba a necesitarla si no tenía ninguna? Cogí mi espada y me la colgué al hombro.
- Una camiseta, chaval.
- Me llamo Wojnar, tío cabezón.
- ¿Quieres dejar de llamarme cabezón?
- Está bien, tío testarudo. ¡Pero métete en la cama!
- No pienso meterme en la cama. Tengo que irme.
- ¡Pero si hemos tenido que coserte más que a una alpargata! ¿Dónde pretendes ir? - el chico parecía realmente contrariado.
- Tengo que ir a reunirme con mi grupo.
- Bueno, si tanto quieres ir te acompañaré.
- Ni de coña.
- Eh, no me vaciles, tío duro. -repuso clavándome el dedo índice. Aquello era ridículo, el chaval casi ni me llegaba a la altura del hombro- Yo voy contigo.
- ¿Y eso lo acabas de decidir?
- ¡Por supuesto! -exclamó con una infantil sonrisa.
- Entonces..
- ¿Sí?
- ...¿¡qué demonios hace ese atillo preparado?!
Lyra --- 12/28/2004 11:06:00 PM
|||...........Dissipating Sorrow...........|||
— ¡¿Dónde está?! —Nayla me miró, quise tragarme lo que había visto, pero era la vida de Meteoro la que estaba en peligro.
— Nos acorralaron. Me...Ruye me convenció para que regresara. Aquellos tipos sólo le querían a él. No sé qué habrá pasado...-
— ¿Eran humanos? — Cyrus me preguntó, terriblemente sereno y… contento?
— Sí...-
— ¿Todos?- vale, realmente era idiota.
— Creo que sí. ¡Pero eran docenas de ellos! ¡Y clamaban venganza!
— Si eran todos humanos, no tenéis que preocuparos. El mestizo puede con ellos.
— No lo sé, pero estaban furiosos. Apareció un tipo, hecho polvo, que decía que era el único superviviente de la Mat...
—...Matanza del Diablo de Carfana? — cómo sabía aquello? Aunque tendría que habermelo olido, al fin y al cabo, el azul estaba hecho de la misma pasta queMeteoro.
— Es una de las tantas leyendas urbanas de Carfana. Poca gente de aquí la desconoce. También es referida como la...
— ...Muerte Roja — Nea interviene ahora. Porque cojones NUNCA sé lo que ocurre?
— Exacto —
— ¿Pero qué leyenda es esa? ¿Qué es lo que ha hecho Meteoro? —
— Pues matar a más de medio centenar de esas criaturas inferiores, aunque la cifra suele variar bastante dependiendo de quién lo cuente. Hará año y medio más o menos desde que ocurrió.
— Esos tipos decían que Ruye había matado a sus familiares... — me levanta una ceja.
— Y ahora claman venganza, lógicamente. Me sorprende que tenga las agallas para haber regresado.
— Mete...¡Ruye no es ningún cobarde!- Nayla se había levantado de su silla. Ella, simplemente, era incapaz de creer que Meteoro no fuera algo mas que lo que ella había visto, pero… todos tenemos un pasado que queremos olvidar.
— Fue una carnicería, no creo que al tal superviviente que mencionas le quedara mucho —la voz de Cyrus me distrajo-. Nadie sabe exactamente qué ocurrió, puesto que todos aquellos que pasaban por la zona huyeron despavoridos ante los horripilantes sonidos que surgían del lugar?
— ¿Horripilantes... sonidos? — Hadar parecía asustado.
— Carne desgarrada, golpes, gritos de agonía, de auxilio y de terror. El sonido de La Muerte. - estaba disfrutando deshacer la imagen de Meteoro frente a Nayla, verdad? - Del callejón surgía el olor de la sangre mezclado con el de la putrefacción y los excrementos que no soportaron la visión del mismísimo Demonio. Cuerpos mutilados, miembros desgarrados, ínfimas partes de cuerpos humanos esparcidas por el callejón. Suelo y paredes cubiertos de sangre, que salía a chorros. Todavía hoy se pueden apreciar restos de esas manchas oscuras. Y en el fondo del callejón, una montaña de cadáveres, unos sobre otros. Algunos con el horror grabado en su rostro, todavía vivos cuando se arrastraban intentando huir. Otros al principio, con cara de sorpresa, al llegarles una muerte rápida y directa sin que se dieran cuenta. Parecía la obra de un cazador. Un depredador que acecha, matando primero a los más rezagados, haciendo dirigirse a la manada a un punto en concreto, donde acorralarles y acabar por completo con ellos. – paró para beber de su jarra.- Dicen que lo hizo un monstruo de forma demoniaca. Un engendro que era humano, elfo y dragón al mismo tiempo. De ojos brillantes como las llamas del infierno. De escamas rojas, como la piel del mismo Belcebú. Astaroth, el demonio rojo, el demonio de la sangre, General de los Infiernos. El hecho de que se le viera marcharse surcando los cielos con alas oscuras, hace que muchos opten por el dragón. Pero conozco pocos dragones que llegara a realizar tal carnicería. Y pocos dragones transformarían sus alas manteniendo su forma humanoide...
— Estás exagerando – Meteoro era un semi dragón rojo, dudaba que pudiera polimorfizarse, incluso unas simples alas de insecto eran tan difíciles de crear…
— Acabáis de oir una de las versiones que más se acerca a la realidad, aunque no me imagino a vuestro amigo surcando los aires. Hay quienes tienen esa leyenda muy mitificada. Yo estuve allí y vi los cadáveres, y os aseguro que olía a furia de dragón. Profesionalmente, cualquier asesinato me incumbe. Se armó mucho revuelo al día siguiente, ya os podéis imaginar.
— Pero, ¿por qué Ruye? - Hadar parecía realmente preocupado. Su mirada iba de lado a lado, de cada palabra del azul a la reacción de la negra.
— Se peleó con ellos horas antes en una taberna más concurrida que esta. Todo el mundo lo vio. Dicen que tenían clara intención de matarle, aunque él no se quedó corto con las intenciones. Les amenazó y huyó de la taberna. Después de esa noche maldita, media Carfana quería colgarle, aunque no hubieran pruebas concluyentes. Él, simplemente, desapareció.
— ¿Pero por qué se pelearon?¿Qué tenían contra él?
— Los mestizos no es que despierten muchas simpatías, precisamente. De todos modos, sólo sé que vuestro amigo llevaba bastante más tiempo en Carfana, pero no estaba solo. Tenía un compañero, siempre se les veía al uno al lado del otro, al parecer eran como hermanos. Llegaron juntos a Carfana y continuaron juntos en la ciudad.
Paró antes del final de su fantástica novela. Nayla muy conmocionada, Nea frunciendo el ceño, Hadar… bien, sin palabras.
— Esos tipos mataron a su compañero la noche anterior.
— ¿Por qué...?
— Como toda leyenda urbana que se precie, existen diversos motivos. Yo soy de los que piensan que querían divertirse puteando a vuestro amigo. Eso, o que querían divertirse, a secas. En fin, no creo que os pueda interesar nada más de la historia. Aquellos tipos eran cazadores de dragones en potencia, así que su pérdida incluso me alegra. El mestizo no me interesaba en aquel momento y su compañero ya estaba muerto, así qué...
— Cómo puedes hablar así... —
— Porque así son las cosas.
— Pero las hay que no cuadran — le digo. Tal carnicería? El Demonio? La Muerte? Y la polimorfización? Los cabos sueltos (que no eran pocos) eran dignos de una gran imaginación.
— Eso es siempre así. Aunque bueno, si queréis más información, podéis preguntarle a vuestro amigo directamente, si es que aparece... - volvió a beber.
Que hacía? Intentaba saber más a través de Cyrus? Consolaba a Nayla? Le daba un tranquilizante a Hadar? Opté por acercarme a la barra y sentarme en un taburete. Mi cerebro parecía no poder respirar, dolía intensamente. Donde cojones tenía el dueño el buen alcohol…
- Voy a buscarle.- la voz de Nayla y sus ligeros pasos.
- Nayla, no…-
- Déjame, Nea! Tengo que ir a buscarle!! No pensáis moveros?! Que haría él en…!!!-
- No lo sé, Nayla! Quizá sea mi impresión, pero cada vez conozco menos a Meteoro!- Hadar susurró “Ryue!!”- Cállate. Si conoce la leyenda, lógicamente también conoce su nombre.
- Quizá seas tu la que no lo conoces.- estrechó sus ojos y subió rapidamente por las escaleras hacia las habitaciones.
- Espero que tengas razón.-
Hadar salió corriendo detrás de ella.
Era realmente desconfianza lo que Meteoro me irradiaba en aquel momento? Meteoro, seguía siendo Meteoro. Un tío con tanta pose tenía que tener un pasado mínimamente interesante, pero no creía del todo a Cyrus. Donde había ido a parar la tranquilidad de Paix… Ahora mi principal preocupación era el estado en el que se encontraba el semidragón.
Alcancé una botella de un líquido que parecía lo suficientemente fuerte y lo vertí en un baso.
Nea siguió en silencio, sumida en sus propias cavilaciones mientras el alcohol bajaba por mi garganta. Sabía que Meteoro seguía con vida, por alguna razón, el problema ahora era saber donde. No habría sido lo suficientemente estúpido como para quedarse allí y mucho menos para dejar que lo siguieran hasta la taberna, así que debía estar en algún lugar de la ciudad.
- Supongo que no piensas decirnos nada más sombre Meteoro.
- No es mi asunto.- respondió Cyrus.
- Pero es el nuestro.- Nea se había acercado a la barra.
- Vuelvo a repetir, que no es algo que me incumba, si vuestro compañero os esconde secretos o no.
- Pero te empeñas en echar leña al fuego. – le miré.- Tu sabes cosas que nosotros ignoramos, pero también ignoras algo que solo Meteoro y yo sabemos. –
- No tengo ninguna razón para creerte.- se levantó dispuesto a irse. Lo agarré más rápido que un humano, por el brazo.
- No creerás que voy a la torre de Carfana solo como turista, verdad? – levantó las cejas.
Abandoné el baso en la barra y dejé que Cyrus pensara lo que quisiera. Ahora me sentía mal por lo que le había dicho a Nayla.
Rinoa --- 12/21/2004 06:16:00 PM
|||...........Dissipating Sorrow...........|||