Recogí mis cosas de la habitación en la que había pasado la noche.
Apenas había estado allí 5 horas, y ya estaba completamente patas arriba. Tenia que trabajar. Buscar algún cliente...aunque...esta vez, nada de maniacos.
-¿adonde iras ahora?-sonreí y me di la vuelta. Sabia perfectamente quien me hablaba. Era ella, con sus enormes ojos rojizos y su cabello blanco.
-Supongo que saldré de aquí un tiempo- saqué la lengua. Solo yo podía verla, y solo aparecía cuando estaba a solas. Se cruzaba de piernas en la inocencia de sus 15 años, sentada sobre una silla de mimbre. Su cabello liso, blanco, con reflejos rosados como las perlas caía sobre u regazo, como una dulce muñeca.
-No podrás escapar- susurró- nunca podrás escapar.
-No pretendo escapar- envolví la poca ropa de mas que me había comprado en un hatillo - solo, conseguir un poco mas de tiempo.
-creo que nunca te comprenderé- dijo con abatimiento.
-Yo me voy- abrí la puerta y me volví de nuevo para mirarla- supongo que tu vendrás conmigo también, ¿no?-Ella no dijo nada. Solo sonrió. Parpadeé un segundo y después...en la silla no había nadie.-Típico de ti- cerré la puerta a mis espaldas.
Tras haber pagado en la posada, vagué sin rumbo por las calles. Genial, estaba perdido de nuevo...
Lentamente, acaricié las puntas de mi cabello. Era extraño no tener ya mi larga trenza. Como si, faltara algo.
Me miré el brazo, que subitamente se había echado a temblar.
-Mierda...ahora no- Me agarré el codo con la mano derecha y me metí por uno de los callejones por los que nadie pasaba. Mierda, mierda, mierda.- Malditos ataques...maldita sea...- logre gemir mientras me sentaba dejándome caer contra una pared. ¿Mis medicinas? En casa de aquel loco, con el resto de mis cosas... y aquella especie de doloroso frio que se extendía por mi brazo lentamente no cesaba. Mi mano izquierda estaba completamente congelada, y apenas la podía cerrar por un desagradable hormigueo.
-Para ti no hay escapatoria- ella estaba de pie, apoyada en la pared frente a mi- ni tiempo...ni salvación. Eres patético.
-Yo sufro cada día, he perdido mi cuerpo, y mi alma...solo porque “eso” ocurrió, tu estas mirando el mundo desde arriba....jugando a ser Dios.
Nos quedamos largo rato mirándonos sin decir nada. Tal vez horas. Hasta que el dolor remitió lo bastante para que pudiera ponerme en pie...y ella...ya no estaba...
-u..ug-dirigí mis ojos hacia el lugar del que procedía aquel quejido, mientras con cautela me acercaba. En el aire había un olor...¿cómo no me había dado cuenta antes?...olor a sangre.
En el suelo, había alguien. No le vi la cara. Había caído de bruces. No estaba muerto ya que oía su respiración pero...
-Y yo que pensaba que era la cosa en peor estado de este callejón- suspire en cuclillas a su lado. Trató de balbucear algo. No le entendí. Ya tenía suficientes problemas como para buscarme mas. Si estaba así, era porque se lo había buscado, sin duda.
Di media vuelta, dispuesto a alejarme. Había recorrido unos 20 metros. Cuando me volví para mirar hacia el sitio en el que estaba. No se le veía. Si le abandonaba moriría...seguro. Puse los ojos en blanco.
-no se si soy bueno o gilipoyas- camine de nuevo hacia el. Me arrodillé a su lado mientras le volvía.
-Bueno...- entreabrió un segundo los ojos velados. No me vio. Pero pese a eso le sonreí dulcemente- almenos eres bastante mono.
Con la palma de mi mano traté de limpiarle la arena que se abia pegado a su mejilla debido a la sangre. Apoyé su cabeza en mi regazo mientras trataba de pensar- vamos a ver...que puedo hacer contigo...?
Acaricie su frente. Ardía en fiebre. Susurraba algo en sueños. No se que era...no se con que soñaba.
-Tranquilo- susurré tomándole la mano, mientras trataba de pensar. No podía ir por la calle con un moribundo...era arriesgado, además...donde lo podría esconder?
Acerqué su mano a mi rostro. Tenia escamas...el era...era como yo...pero lo que realmente me desconcertó fue que sus manos desprendían un olor familiar para mi. El de la grasa de animal seca. Sus manos tenían callos en puntos muy concretos. ¿espadachín? Tal vez.
Pase la mano por su antebrazo. Los músculos habían sido sometidos a una fatiga feroz y prolongada. Tal vez durante años. Fuera quien fuera aquel hombre, me di cuenta de que no se trataba de una persona corriente...
Envolviéndole con mi capa negra, le escondí como pude. Tenia que encontrar un modo de llevarle.
Eché un vistazo al gentío de fuera del callejón. Me asome un poco mas hasta que mi hombro rozó con algo. Atado a mi lado había un caballo chapado, marrón, viejo, pero en buena forma
-Bueno...lo considerare una señal-me mordí el labio de abajo divertido mientras lo desataba y tiraba de las riendas disimuladamente para hacerle entrar en la callejuela. Pero aquel animal siguió allí plantado. Primero tire un poco...luego mas. Y luego ya daba violentos estirones mientras maldecía en voz baja-maldito bicho estupido. Muévete...¿se te han pegado las herraduras al suelo? Caballo de mala raza!-deje de tirar y le miré fijamente. Me devolvió la mirada- mira,-traté de ponerle las cosas claras. ¿qué mas podía hacer?-yo no te gusto y tu no me gustas, pero ese que esta ahí dentro necesita transporte. -Tire de nuevo, y el caballo avanzó. Increíble.
Le subí como pude a lomos del animal, incluso me dio la impresión de que él, pese a estar inconsciente hizo el esfuerzo de ayudarme...aunke...solo eran imaginaciones ¿no?...o tal vez algún acto reflejo suyo. como si fuera un fardo mas, envuelto en la capa, y le eche por encima mis ropas y la manta del hatillo. Ahora parecía solo un muchacho que llevaba un fardo de ropa en un caballo viejo.
Salí por el extremo opuesto del callejón, guiando al caballo desde el suelo, mientras rezaba para que el tipo no se moviera. ¿Dónde podía ir?...estaba claro...¿no?
NdK: la grasa de animal seca se utilizaba n la antigüedad para el momento de afilar la espada, para ke el metal no se estropeara ni se mellara, i le diera elasticidad
lady_of_chesire --- 11/07/2004 07:15:00 PM
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Al terminar el "agradable" encuentro con Deimos, la asesina, se me queda un mal sabor de boca. No quiero estar más en este lugar, así que cojo al chaval y regresamos a la taberna.
Cuando ya se ha puesto el sol, bajo para cenar y tener una conversación con el medio-rojo. Más le vale traerme información de la buena, o tendremos (o mejor dicho, tendrá) un buen disgusto. Un rápido vistazo y allí veo al grupito del medio-rojo. Estaban todos... menos él y la dorada. Maldito bastardo. Pido una jarra de cerveza al viejo Hernán y me siento en la mesa, visiblemente contrariado.
— ¿Dónde está el mestizo?
— Aún no ha llegado... — la pequeña negra contesta con una voz quebrada, se le nota preocupada. No dejo escapar el destello de enfado que había en sus ojos. Le molestará que le llame "mestizo".
Pasan los minutos y esto parece un funeral. Están verdaderamente preocupados. ¿Dónde demonios...?
* ¡¡PLAM!! *
Es la dorada, que irrumpe en la taberna y viene corriendo hacia nosotros. Jadea.
— ¡¿Dónde está?! — la negra está desesperada
— Nos acorralaron. Me...Ruye me convenció para que regresara. Aquellos tipos sólo le querían a él. No sé qué habrá pasado...
¿Atacan al medio-rojo? Humm...
— ¿Eran humanos? — pregunto a la dorada, mirándole fijamente.
— Sí...
— ¿Todos?
— Creo que sí. ¡Pero eran docenas de ellos! ¡Y clamaban venganza!
— Si eran todos humanos, no tenéis que preocuparos. El mestizo puede con ellos.
— No lo sé, pero estaban furiosos. Apareció un tipo, hecho polvo, que decía que era el único superviviente de la Mat...
—...Matanza del Diablo de Carfana? —no puede ser otro.
— ¿Cómo lo sabes?
— Es una de las tantas leyendas urbanas de Carfana. Poca gente de aquí la desconoce. También es referida como la...
— ...Muerte Roja —la mestiza verde me interrumpe.
— Exacto —asiento.
— ¿Pero qué leyenda es esa? ¿Qué es lo que ha hecho Meteoro? —inquiere el chaval, que había permanecido callado hasta entonces.
Je.
— Pues matar a más de medio centerar de esas criaturas inferiores, aunque la cifra suele variar bastante dependiendo de quién lo cuente. Hará año y medio más o menos desde que ocurrió.
— Esos tipos decían que Ruye había matado a sus familiares... —¿Todavía se empeñan en llamarle así? Como si no lo supiera.
— Y ahora claman venganza, lógicamente. Me sorprende que tenga las agallas para haber regresado.
— Mete...¡Ruye no es ningún cobarde!
La negra me ha gritado a la cara. Pobre ilusa. La miro y veo que está muy preocupada. Tiene en mucha estima al medio-rojo, pero si supiera la verdad... Hummm, ¿por qué no?
— Fue una carnicería, no creo que al tal superviviente que mencionas le quedara mucho —me dirijo a la dorada&mdash. Nadie sabe exactamente qué ocurrió, puesto que todos aquellos que pasaban por la zona huyeron despavoridos ante los horripilantes sonidos que surgían del lugar?
— ¿Horripilantes...sonidos? —el chaval traga saliva.
— Carne desgarrada, golpes, gritos de agonía, de auxilio y de terror. El sonido de La Muerte
Digo estas últimas palabras mirando fijamente a la pequeña negra. Todos permanencen callados en silencio absoluto. Prosigo.
— Del callejón surgía el olor de la sangre mezclado con el de la putrefacción y los excrementos que no soportaron la visión del mismísimo Demonio. Cuerpos mutilados, miembros desgarrados, ínfimas partes de cuerpos humanos esparcidas por el callejón. Suelo y paredes cubiertos de sangre, que salía a chorros. Todavía hoy se pueden apreciar restos de esas manchas oscuras. Y en el fondo del callejón, una montaña de cadáveres, unos sobre otros. Algunos con el horror grabado en su rostro, todavía vivos cuando se arrastraban intentando huir. Otros al principio, con cara de sorpresa, al llegarles una muerte rápida y directa sin que se dieran cuenta. Parecía la obra de un cazador. Un depredador que azecha, matando primero a los más rezagados, haciendo dirigirse a la manada a un punto en concreto, donde acorralarles y acabar por completo con ellos.
Bebo un buen trago de mi jarra. El grupo me mira con los ojos abiertos, en una expresión de horror. No dan crédito a mis palabras.
— Dicen que lo hizo un monstruo de forma demoniaca. Un engendro que era humano, elfo y dragón al mismo tiempo. De ojos brillantes como las llamas del infierno. De escamas rojas, como la piel del mismo Belcebú. Astaroth, el demonio rojo, el demonio de la sangre, General de los Infiernos. El hecho de que se le viera marcharse surcando los cielos con alas oscuras, hace que muchos opten por el dragón. Pero conozco pocos dragones que llegara a realizar tal carnicería. Y pocos dragones transformarían sus alas mantiendo su forma humanoide...
— Estás exagerando— me espeta la dorada, con desprecio. No puedo evitar una carcajada.
— Acabáis de oir una de las versiones que más se acerca a la realidad, aunque no me imagino a vuestro amigo surcando los aires. Hay quienes tienen esa leyenda muy mitificada. Yo estuve allí y vi los cadáveres, y os aseguro que olía a furia de dragón. Profesionalmente, cualquier asesinato me incumbe. Se armó mucho revuelo al día siguiente, ya os podéis imaginar.
— Pero, ¿por qué Ruye?
— Se peleó con ellos horas antes en una taberna más concurrida que esta. Todo el mundo lo vio. Dicen que tenían clara intención de matarle, aunque él no se quedó corto con las intenciones. Les amenazó y huyó de la taberna. Después de esa noche maldita, media Carfana quería colgarle, aunque no hubieran pruebas concluyentes. Él, simplemente, desapareció.
— ¿Pero por qué se pelearon? —pregunta la negra— ¿Qué tenían contra él?
— Los metizos no es que despierten muchas simpatías, precisamente. De todos modos, sólo sé que vuestro amigo llevaba bastante más tiempo en Carfana, pero no estaba solo. Tenía un compañero, siempre se les veía al uno al lado del otro, al parecer eran como hermanos. Llegaron juntos a Carfana y continuaron juntos en la ciudad.
Me detengo nuevamente y apuro lo que queda de mi bebida. Noto su tensión, y cómo se revuelven en sus asientos.
— Esos tipos mataron a su compañero la noche anterior.
Al pronunciar estas palabras, la negra profiere un gemido ahogado, y el chaval se atraganta con la poca comida que es capaz de comer en esta situación.
— ¿Por qué...?
— Como toda leyenda urbana que se precie, existen diversos motivos. Yo soy de los que piensan que querían divertirse puteando a vuestro amigo. Eso, o que querían divertirse, a secas —malditos bastardos humanos, no son más que ganado— .En fin, no creo que os pueda interesar nada más de la historia. Aquellos tipos eran cazadores de dragones en potencia, así que su pérdida incluso me alegra. El mestizo no me interesaba en aquel momento y su compañero ya estbaa muerto, así qué...
— Cómo puedes hablar así... — musita la negra.
— Porque así son las cosas.
— Pero las hay que no cuadran —ah, la dorada, qué audaz.
— Eso es siempre así. Aunque bueno, si queréis más información, podéis preguntarle a vuestro amigo directamente, si es que aparece...
BenKo --- 11/07/2004 06:30:00 PM
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