La Gran Ciudad....la más grande de todas... Me quedé parado, mirando hacia el punto donde se había dirigido el rayo de luz. En esa dirección la primera parada sería Lametla. Allí fue donde nació él... Aunque a medio camino nos encontraríamos con el pequeño oasis Thutt...no vendría mal hacer un descanso allí...
- ¿Meteoro?
- Ya es hora de volver – murmuré mirando al cielo. Nos pusimos rumbo a la taberna. No tardaría en ser la hora acordada de nuestra “cita” con el Azul, así que tomamos un atajo que conocía por una de las tantas callejuelas de Carfana.
Llevaríamos un cuarto de hora caminando cuando Circle y yo nos miramos al mismo tiempo al percatarnos de unos pasos. Nos habían estado siguiendo y ya no querían continuar en la sombra. Al girarnos nos encontramos con un numeroso grupo de humanos, del cual no recuerdo exactamente el numero, pero aun así, los recuerdos y el dolor me siguen dando la impresión que eran poco menos de un ejercito....
- ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis? – preguntó Circle con cierta hostilidad. No parecían guerreros, pero todos iban armados de un modo u otro. El ambiente parecía cargado de veneno y odio.
- Venganza –contestó el más alto, el que tenía más aspecto de guerrero, vestido completamente de negro. Al oír su respuesta no pude sino cerrar los ojos amargamente.
- Qué casualidad.... – murmuré tan bajo que ni Circle me oyó. Precisamente ahora, que he estado pensando en él...
- ¿De qué estáis hablando?
- Era obvio que tarde o temprano aparecerías. El asesino siempre regresa al escenario del crimen. – Circle me miró puesto que aquel humano se dirigía a mí y no a ella. De hecho todo aquel grupo tenía sus ojos puestos en mí. Si las miradas matasen...
- No sé de que estas hablando. Desapareced y dejad de molestarme.
- No seas estúpido – dijo con voz socarrona y una media sonrisa en los labios- No vamos a irnos ni a dejarte escapar. Llevamos un año esperando esto. Sabemos perfectamente que fuiste tú.
- Mete...Ruye.. ¿Qué es todo esto?
- No les hagas caso, son solo un puñado de miserables cegados por la sed de venganza. –contesté mientras la tomaba del brazo para continuar con nuestro camino.
En cuanto les dimos la espalda, aquel bruto que me había hablado me giró por el hombro mientras me estampaba un puñetazo que hizo que acabara con una rodilla en el suelo. Mis ojos se abrieron de par en par cuando noté la característica quemazón y ardor. Circle me miraba sorprendida. Noté como un par de hilillos de sangre resbalaban hasta mi barbilla.
- Maldito bastardo, ni siquiera tus heridas son normales. Levántate, sucia bestia.
Tomé a Circle de la muñeca al levantarme para evitar que invocara su espada, cosa que había comenzado a hacer. Al levantarme me fijé en mi adversario, que me miraba con una mezcla de odio, desprecio y furia en sus ojos. Me fijé en sus guantes y me controlé para no estremecerme.
Guantes de piel de dragón. Dragón negro.
Nayla
- Regresa a la taberna
- ¿¡Qué?!
- Que regreses. No quiero que los demás se preocupen y sino me encargo de estos –miré de soslayo al grupo de humanos- me seguirán y podrían hacerle...haceros daño.
- Será más rápido si nos encargamos de ellos juntos – seguía notando una gran concentración de magia en la mano de Circle.
- ¡Nada impedirá que llevemos a cabo nuestra venganza! –gritó otro hombre del grupo que parecía impaciente. Sus guantes eran de dragón azul.
- ¡Cállate! –espetó Circle. Ella también estaba impacientándose.
- Yo no os he hecho nada. Ni siquiera tenéis pruebas
- ¡Mataste a nuestros hermanos!
- ¡A mi padre!
- ¡A mi único hijo! ¡Monstruo!
Una serie de imágenes se agolparon en mi mente mientras aquellos humanos continuaban clamando venganza y el líder, a dos metros de mí, sonreía burlonamente.
Rostros, gritos, dolor y sangre. Mucha sangre
- Tenemos algo mejor que simples pruebas... –guardó silencio, mandando callar al grupo- ..un testigo
- ¿¡Testigo de qué?! –exclamó Circle.
- De la noche maldita en que tuvo lugar la Matanza del Diablo de Carfana
- ¿Qu-..? – Circle me miró con incredulidad.
- El único superviviente.
El grupo se abrió permitiendo avanzar a un hombre que no tendría más de 40 años pero que aparentaba más de 60. La mitad de su rostro estaba horriblemente desfigurada, con grandes y bulbosas cicatrices que acaparaban también toda su garganta. Manco del brazo izquierdo (se intuía un desagradable muñón bajo el ropaje), caminaba arrastrando los pies ayudándose de un bastón para sostenerse, pues su cuerpo se torcía hacia delante en un escabroso arco.
- Te presento a mi padre, Diablo, aunque está claro que ya os conocíais pues es el único superviviente de la Muerte Roja. Es mudo, solo salen de eso que le queda como boca unos cuantos sonidos guturales, pues le desgarraste las cuerdas vocales como la bestia salvaje que eres. En realidad es un milagro que siga vivo pues prácticamente arrasaste con la mitad de su cuerpo. Lo encontramos con la columna casi desencajada, de ahí su patética postura.
Era cierto que aquel hombre no podía hablar, pero la expresión de su desfigurado rostro y los acusadores gritos que surgían de sus ojos hablaban por sí solos. También era cierto que ya lo conocía, y por eso no sentí ni pizca de compasión al observarle. Solté la mano de Circle.
- Vete, guardiana. Tiene que haber alguien vigilando a ese cazarrecompensas –le dije con una media sonrisa- Gracias por la ayuda pero ya te has inmiscuido demasiado, esto es asunto mío.
Circle se me quedó mirando mientras yo me encaraba con el líder del grupo. Al final noté como se marchaba a regañadientes y en silencio se lo agradecí enormemente. Nadie más iba a pagar por mis pecados. Sólo yo.
En cuanto estuve solo, uno de los humanos más cercanos se abalanzó contra mí rajándome con su espada. En mi pecho sólo apareció una fina marca roja que no llegaba a sangre pero, había cortado mi camiseta dejando gran parte de mi pecho al descubierto. Mi única protección contra ciertos guantes. Oí el sonido de metal contra el suelo. Pensaron que con simples cuchillas no iban a hacerme gran cosa. Respondí al mostachudo que me había atacado con un puñetazo donde acumulé toda mi rabia, tumbándolo.
- Debiste morir aquella noche –dije al viejo al girarme hacia él.- Aunque este año de vida no ha sido más que una ilusión. En realidad, tú...
Eché a correr mientras desenvainaba la espada. Atravesé a uno desprevenido abrasándole la herida. De una patada desencajé al agonizante humano de mi arma, a la vez que tomé impulso para saltar y girar sobre mí mismo, cayendo con toda mi fuerza sobre el viejo, que partí diagonalmente en dos.
- ...ya estabas muerto.
Todos moristeis el día que le pusisteis la mano encima.
Le miré a los ojos sin sentimiento alguno, pero la macabra sonrisa que leí en sus moribundos labios hizo que perdiera el control por un ínfimo instante. Una fracción de segundo en la que bajé la guardia.
- ¡No creas haber logrado algo, Diablo! ¡Hace un año que mi padre deseaba su muerte! ¡Y la tuya! – el líder me atacó centrando toda su fuerza en los puños. El dolor de la maldición hizo presa en mí y volvieron a aparecer las mismas heridas y marcas.
- ¡Déjamelo a mí! – gritó uno mientras apartaba de un empujón al líder. Me levantó tomándome por el cuello con las dos manos, con la intención de estrangularme.- ¡¡Mataste a mis dos hijos!!
En ese momento me di cuenta de que tenía dos puntos a mi favor, su ceguera por la sed de venganza y la patanería e incompetencia de algunos.
Sonreí ligeramente. Llevaba guantes de piel de dragón rojo. Tomé recíprocamente su cuello con una mano, apretando con fuerza el pulgar en ese hueco que se produce entre el cuello y la mandíbula, desprotegido del tendón muscular. Aquel tipo tenía fuerza, pero yo tenía más. Se dio cuenta puesto que soltó una mano para hacer uso del puñal que llevaba al cinto. Yo fui más rápido y se lo arrebaté, clavándoselo en la garganta. Cayó al suelo ahogándose en su propia sangre.
No había acabado de soltarme que ya tenía a otros dos abalanzándose contra mí. Tuve el tiempo justo de fijarme en sus guantes antes de recibir el primer golpe. Los de uno de piel de dragón negro, los del otro...de dragón azul.
Mierda.
Lyra --- 10/13/2004 05:32:00 PM
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Las palabras retumbaron en mi cabeza. Miré a Meteoro, que parecía tan desconcertado como yo. Todo aquello me estaba dando jaqueca.
El ascensor paró suavemente y las puertas se abrieron. Oscuridad. El suelo era negro, así que ni siquiera la luz del ascensor nos marcaba un camino claro.
Nos miramos a la par y dimos un paso hacia delante, las múltiples y pequeñas lamparas se encendieron a la vez, ahora podía ver, al final del pasillo unas puertas sin tirador alguno. Caminamos hasta encararla y se abrió sola lentamente.
La estancia era sin duda el último piso. El techo era altísimo y las paredes parecían ser de cristal semitransparente, que marcaba y cambiaba a cada segundo la posición de los astros. En el centro de ésta, había una máquina de grandes dimensiones que llegaba hasta arriba. Supuse que era lo que creaba el haz de luz que me había estado intrigando todo este tiempo.
- Meteoro Abyssinian y Circle Katsya.- me sentí observada por una voz sin dueño, sin embrago, éste había aparecido por nuestra derecha, rodeando a la máquina. Casi no me percaté de que había mencionado el apellido de Meteoro, pero lo memoricé justo a tiempo.- solo las estrellas podrían haber previsto algo así.- señaló hacia las paredes de cristal, donde tintinearon varias estrellas.
Aquel era el hombre de la entrada, aquel que me había resultado familiar. Era el mismo dragón, pude olerlo y sentirlo.
- Podría habernos ahorrado el ascensor.- dije con resentimiento.
- Así es mucho más espectacular, no crees?- sonrió.
- Que hacemos aquí?- preguntó Meteoro.- Que tiene que ver todo esto con Soutis?-
- Creo – interrumpió el anciano.- que antes de nada, debería presentarme. Mi nombre es Elessar.-
Elessar. Elessar. El porche de Paix. Una niña de pelo negro y ojos rojos dejando caer sus pies, pero no le llegaban al suelo. Y aquel dragón, Elessar, intentaba atraer su atención con trucos de magia. La niña se giró con el ceño fruncido, movió la mano en el aire y el agua del estanque fue a parar a la cara del anciano. La castigaron por ello.
Ella otra vez, pero mayor, con su quimono rojo, que quedó estropeado aquel mismo día, sentada en el mismo lugar. Ahora, sus pies rozaban la tierna hierba.
- Es solo una niña, no pienso presionarla más.-
- Anher, viejo amigo, no es una niña. Su sangre es especial, su magia es especial y, cuando llegue el momento, tendrá que defenderse.-
- Lo sé, lo sé.- padre parecía cansado.
Se asomó al estanque y se miró a sus propios ojos. Entró en la sala, interrumpiendo a los dos hombres. Sacó un puñal de su obi y se cortó la mano, dejando caer unas gotas en la roja tela. Su sangre era negra y espesa, pero tenía un extraño brillo dorado.
- Mi sangre no es más especial que la tuya.-
Aquella vez no la castigaron, pero el silencio de Anher resultó ser mucho más doloroso.
Volví a la sala.
Elessar me miraba y Meteoro también. Me había quedado ensimismada.
- Anher…- comencé.
- Él, hizo bien su trabajo. Si no, no habrías llegado hasta aquí, ni me pregutnarías porque fue Paix destruido. Él, guardaba con su vida un secreto. Él, era el guardian de la sabiduría de las artes que tu has aprendidos. El control del alma y de la magia hasta poder fundirlos para conseguir una fuerza superior - me miré las manos. Si yo era la única a parte de anher que…- tu espada es un nivel de control muy avanzado, pero no se pueden destruir mundos con un arma blanca.
- Intentaban apoderarse de aquel arte?-
- No, Meteoro, en realidad, intentaban eliminarlo para que nadie pudiera usarlo en su contra. Aquel que terminó con Paix no tiene ni nombre ni faz. Nadie lo conoce ni sabe de él, pero Paix no ha sido el único afectado. Está intentando encontrar el verdadero saber, y cada vez está mas cerca… mas cerca. – suspiró- En realidad, Paix era la última resistencia.-
- Pero Anher no era el conocedor de ese saber?-
- No, al menos no completamente. La verdadera fuente de el conocimiento, de el poder de controlar el alma y la magia hasta convertirlas en una, se encuentra en un lugar lejano.- Meteoro y yo lo mirábamos expectantes.- Llévalos a la Gran Ciudad, Meteoro, allí donde la magia es tecnología, i la tecnología es el modo de vida. La más grande de todas ellas. Allí es donde debéis ir.-
Meteoro asintió, parecía saber de que estaba hablando, pero yo no entendí nada.
- Seguid la luz – señaló la máquina – aquel es vuestro punto de partida.
Miré hacia arriba. Recuerdo lo que dijo Nea, cuando le pregunté por aquella ciudad, una ciudad sin sol. El punto de partida.
Elessar se había parado a mirar por la pared de cristal.
- Creo que es la hora de que os marchéis.- dijo en voz baja.- Cuidado fuera.-
- Eh…- en un abrir y cerrar de ojos estabamos en el pasillo anterior a la sala, el ascensor nos esperaba abierto.
Entramos sin decir nada, esta vez, solo se paró al llegar abajo del todo. No nos miramos. No era tiempo de hacerlo, necesitaba un descanso y algo verdaderamente fuerte.
Salimos y las puertas se cerraron detrás de nosotros. Dí un par de pasos, pero ví que Meteoro se había quedado parado.
-Meteoro?-
Rinoa --- 10/13/2004 03:17:00 PM
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Las puertas se habían abierto como por arte de magia. Sin el menor ruido (creo que aunque lo hubiera habido habría sido acallado por el sonido de las campanas), aquellas enormes puertas se desplazaron escasamente un metro. Tampoco se oía nada en el interior. Circle no tardó en levantarse. “Vamos” me dijo. Noté que me sacudía una ligera brisa, miré a mi alrededor y entré en la torre, siguiendo los pasos de la guardiana.
Como era de esperar, las puertas volvieron a cerrarse en cuanto nos encontramos dentro de la torre con un seco “clic”.
Aquello era absoluta oscuridad. Por un instante, me sentí como un animal encerrado dentro de una jaula e instintivamente tomé la empuñadura de mi espada, es posición de espera. Veía escasamente a Circle gracias a la blancura de sus mangas, y de mí solo aprecié el oscuro destello de alguna de mis escamas.
Se encendió una tenue luz sobre nosotros, lo suficientemente potente como para ver donde nos hallábamos. Una angosta sala desprovista de todo mobiliario y decoración, lo único que había era una gran puerta, 4 veces más ancha que yo, justo enfrente nuestra, a apenas dos metros.
- Suelta la espada – dijo Circle sin mirarme
- ¿Qué?
Este es un lugar pacífico
No fue la guardiana la que había hablado. Solté la espada. Acto seguido, la puerta se abrió con un agudo chirrido.
La sala parecía el hall de un hotel de lujo. Realmente no sé si era lujosa, pues la iluminación, muy tenue y suave, no me permitía observar los detalles del lugar pero esa fue la impresión que me daba. En el centro de la sala había una gran mesa de roble, muy decorada, sobre la cual se encontraban dos torres de papeles, unos cuantos pergaminos enrollados y un hombre, humano, tan viejo que su piel era prácticamente del color de los pergaminos. Tenía una gran mata de pelo liso, al igual que una barba y un bigote, meticulosamente peinados. En su juventud ese pelo fue extremadamente negro, pero ahora era el blanco el que predominaba, aunque algunos mechones negros y algunos de distintos grises luchaban todavía por subir a la luz. Una triste luz.
Me pareció un hombre fascinante, debía de saber muchas cosas.
El viejo alzó la vista del libro que estaba leyendo e hizo un gesto para que nos acercáramos. Circle me miró y obedecimos. Volvió a hacer otro gesto, y esta vez dos luces mucho más potentes se encendieron a nuestra derecha y nuestra izquierda. Era el panel de luz de dos ascensores, una a cada lado, de puertas tan decoradas como la mesa central. Diría incluso que iban a juego.
- ¿Qué deseáis? – preguntó el hombre con una voz que se perdió entre las sombras del lugar.
- Información – contestó la guardiana. El hombre tosió de una forma que juraría fue un intento de carcajada.
- Como todos.
El ascensor de la izquierda se abrió con un timbre. Sin levantar la vista del libro, el viejo nos invitó a subirnos en él.
- Adelante, no tengáis miedo.
- Gracias – dije mientras tomaba a Circle del brazo. Estaba inmóvil como una estatua, escrutando al viejo con sus curiosos ojos. Tuve que pegarle un pequeño estirón para que reaccionara - Vamos.
El panel de control no era el típico de un ascensor. Para empezar los pisos no aparecían numerados con la numeración tradicional, sino con signos que desconocía. Quise preguntarle al viejo a que botón debía darle, pero las puertas se cerraron al instante. Justo antes de perderle de vista, le ví sonreír.
- Me era muy familiar… - murmuró Circle absorta en sus pensamientos
- ¿Quién? ¿Ese viejo?
- Sí, estoy segura de haberlo visto antes.
La conversación no continuó porque nos detuvimos en seco. Con otro campanilleo, las puertas se abrieron y Circle y yo salimos del ascensor.
Nos encontrábamos en una especie de oficinas repleta de mesas en las que trabajaban sinfín de personajes, tanto humanos como dragones, de todas las edades. Por desgracia no ví a ningún mestizo. Seguíamos siendo muy escasos por toda Enterra...
Circle parecía algo pasmada. Supuse que aquello era muy diferente a todo lo que podría haber conocido en Soutis y en el Templo de Paix. Tampoco es que fuera algo muy corriente para mí. Había visitado lugares así en mis viajes, en aquellas ciudades donde la tecnología tiene más importancia que en el resto, pero que todavía no llega a un nivel tal como el de las llamadas Grandes Ciudades.
Lo que estaba claro era que en aquel lugar se manejaba mucha, muchísima información.
- Perdone…- dije a un joven empleado, al parecer un dragón plateado que pasó por mi lado- Estamos buscando información, el…”portero” nos ha mandado aquí.
- ¿Información? – dijo repitiendo mis palabras- ¿De que tipo?
- Pues… -no tenia idea de que contestarle pero el chaval (que en apariencia tenia mi edad) ni siquiera me brindó la oportunidad.
- Bueno, sea del tipo que sean tendrán que subir un nivel más, aquí no podemos darles información.
- ¿Qué no pueden dárnosla con toda la que están claramente manejando? – preguntó Circle de golpe, sobresaltando al chico.
- Exactamente señorita, aquí la “manejamos”, o lo que es lo mismo, la procesamos. ¿Nunca ha oído hablar de los Procesadores?
La mirada de Circle me hizo entender que no era así. Le di las gracias al plateado y nos metimos de nuevo en el ascensor.
- La verdad es que nunca pensé que en Carfana podría haber tal concentración de Procesadores, aunque tiene su lógica…
- ¿Qué son?
- Todos los que hemos visto en esa oficina era Procesadores. Como su nombre indica su único trabajo es procesar, manejar y catalogar toda la información que consiguen.
- ¿Sin verificarla?
- Ese es el trabajo siguiente; todo un proceso de investigación. Aun así, todo queda archivado. Imagina la cantidad de categorías y subcategorías deben existir en sus archivos mundiales como para tener desde la formula científica mas moderna hasta el mito mas inverosímil y antiguo. Pasando por recetas exquisitas y leyendas urbanas… - un escalofrío me recorrió al formular tales palabras. No cabía duda de que tendrían archivada la leyenda urbana del Diablo de Carfana en aquel lugar…
- Es algo increíble. Por muy grande que sea esta torre, tal cantidad de información no podría mantenerse aquí!
- Todos esos lugares, como esta torre, están especializados en una información concreta por lo que se refiere a su base de datos. Pero los Procesadores se encargan precisamente de clasificarlo todo y de que llegue a su base o archivo correspondiente, esté donde esté…
- Pero esta torre debe de ser el único sitio así en muchos kilómetros a la redonda. Seguro que sabrán algo de lo de Soutis. Por lógica guardarán lo referente a toda la zona, no? Y Soutis es prácticamente una ciudad vecina…
Tampoco respondí esa vez. El ascensor se había detenido de nuevo. El dolor de cabeza fue instantáneo; estábamos en otras oficinas, esta vez repleta de pequeños seres que no sabría decir si eran dragones metamorfos, humanos enanos, duendes…o lo que fueran, el caso es que poseían unas voces bastante estridentes que no se molestaban en callar. Aparte de sus voces, aquel lugar era todo ruido, y no sabría diferenciar ahora cada uno de los sonidos que habían decidido darse lugar allí. Apenas se habían abierto las puertas, uno de esos pequeños seres se giró hacia nosotros, con ojos que delataban su estrés, preguntándonos a gritos que qué queríamos y que le dejáramos en paz a la vez. Las puertas se volvieron a cerrar impidiéndonos adentrarnos allí a preguntar, afortunadamente.
Cuando en el siguiente piso nos recibió uno de los Subterráneos de Carfana, me convencí de que debía esperarme cualquier cosa de aquella torre. Lo reconocí pues Ocre me había hablado mucho de él el día que nos cruzamos en aquello que mi amigo llamaba hogar. Y aunque fue algo que me extrañó, lo encontré muy a gusto en aquellas alturas, rodeado por infinidad de estanterías repletas de libros y de muebles gigantes de cajones archivadores.
- Un momento… ¿esto es la base de datos, verdad? – pregunté con el típico brillo de mis ojos al encontrarme ante tal inmensidad de biblioteca.
- No sé que me sorprende más –contestó con voz ronca y áspera al cabo de un rato- el hecho de que el semi-rojo amigo de Ocre esté aquí, o de que venga acompañado de la hija del mismísimo Anher.
Si yo estaba sorprendido tras aquellas palabras, imaginaos Circle.
- ¿Co-como? – balbució la guardiana. El dragón sólo sonrió.
- Generalmente nadie pasa de este nivel, pero tratándose de ti….entrad de nuevo en el ascensor, os mandaré al piso superior donde hallareis algunas de vuestras respuestas.
- El semi-rojo amigo de Ocre...- susurró Circle, mirándome por un momento y fijando luego la vista en un punto invisible -….la hija del mismísimo Anher….- cruzó los brazos y apoyó la espalda contra la pared del ascensor, encerrándose en un comprensible mutismo, junto a sus pensamientos.
Otra vez en marcha, el ascensor no se volvió a detener a los pocos minutos. Estaba claro que habíamos pasado varios pisos cuando se volvió a parar en seco (aquello empezaba a sacarme de quicio). Se abrieron las puertas y la guardiana y yo nos quedamos tan blancos como el dragón que teníamos delante, un impresionante espécimen que nos observó con sus grandes ojos azules, fríos como el hielo. Su mirada se paseó de mí a Circle y de ella a mí durante unos pocos segundos, recayendo al final sobre la dragona. Era como si la estuviera…¿reconociendo? Otra situación tensa, pues ninguno de los dos nos atrevíamos a decir nada. Asintió pausadamente con la cabeza y las puertas volvieron a cerrarse.
- Este lugar empieza a darme escalofríos…
- No nos harán daño.
- ¿Cómo estás tan seguro? La mirada de ese dragón blanco…
- “Este es un lugar pacífico” ¿recuerdas?
- No es eso. ¿Qué tenía que ver mi padre con todo esto?
- Tal vez lo descubras en el siguiente piso.
Lyra --- 10/12/2004 08:20:00 PM
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