Arrastré al azul por las calles oscuras de Lametla (N/A: nunca se como se escribe!) casi a tientas. Recordaba vagamente el camino hacia casa de los amigos de Meteoro, me dejé llevar más por el instinto que por la memoria, sin contar el paso de tortuga que llevábamos. Me preocupé seriamente al no ver ni a Meteoro, ni a Nayla ni a Hadar, pero confiaba en el rojo, mucho más de lo que creía confiar en él, y la sola idea de que estuviese con ellos me calmó y me dejó pensar con claridad.

Si él está con ellos, estarán bien.

Cele, rápida, serpenteaba entre las calles guiándonos, a mi y a Wojnar, a través de la espesa neblina húmeda. Podría haberle pedido ayuda para cargar con Cyrus, pero el azul estaba intentando colaborar dejando caer su peso en mi y cojeando a la par de mis pasos cortos, así que no era tan difícil llevarlo.

- ¿Te encuentras bien? Apóyate aquí si…

- ¿A-Ahora te…preocupas? – jadeó.

Preferí que la conversación terminase ahí. No tenia ganas de darle la razón en ese momento, así que bajé los ojos al suelo mal empedrado y continué cargando su peso en silencio. Supuse que había entendido por qué me callaba, y para variar él también se calló y no siguió dándome caña.

La casa de Zeljko resultó mil veces más agradable que la polvorienta lucha de la que habíamos salido hacía poco. Se oía de lejos el rumor del griterío y las llamas, pero ya estábamos fuera de su alcance, escondidos en un lugar seguro. Dejé al azul en una cama que nos prepararon amablemente y les di las gracias mil veces, primero por involucrarles en algo así, segundo por molestarles de esta forma. Aunque no todos los miembros de la familia parecían estar de acuerdo, eran buenos amigos de Meteoro y fueron amables con nosotros.

Las heridas de Cyrus no tenían buena pinta. Tenía la caja torácica amoratada de un color muy desagradable, aunque parecía no afectarle demasiado. Probé a palpar los huesos, por si estaban rotos.

- ¿Te duele aquí?

- ¡N-n..!

- Sí te duele- apoyé la palma de mi mano sobre la zona más fea, dejando fluir la magia a través de mis dedos, pero tenia ciertas dificultades con los hechizos de curación. Nunca los había considerado lo suficientemente importantes -. Esto se está complicando un poco…

- …J-joder, me voy a morir sin una mujer desnuda a mi lado…-masculló.

- No te vas a morir, ¡y esa excusa no te sirve para todo!

Su intento de carcajada fue bastante patético, teniendo en cuenta que esputó sangre. Así que había algún problema en sus pulmones, o en su estomago. Por suerte el acolito, Sellion, fue capaz de curar cualquier problema interno de importancia en un descuido del azul. Aun así, yo le daba al menos dos o tres días de reposo, porque estaba visto que no iba a dejar que el humano se le acercase teniendo más libertad de movimiento.

- ¿Dónde está Hadar? - Wojnar se levantó con cuidado de la silla y se acercó a revisar a Meteoro.

Había confiado en Meteoro, él los traería sanos y salvos. Sin embargo, Nayla entrecerró sus ojos, los escondió, hinchados y algo rojos. Crucé mi mirada con el rojo, en una muda pregunta.

- Hadar está bien. Ha decidido quedarse en la ciudad, se quedó atrapado en el templo, pero está bien. Fué su elección.

Podía aceptarlo o no. Sólo existían dos opciones. Y no me quedaba más remedio que aceptar su decisión, ya no podía volver atrás, ni podía ir a la mañana siguiente a hablar con él. No podía enviarle cartas y recibirlas sin dar a conocer nuestra posición. Este seguido de pensamientos lógicos llegó antes a mi cerebro que el hecho de que no iba a volver a verlo, en quien sabe cuanto tiempo. Pero estaría bien, sin amenazas, ni daños. Estaría bien y lejos. No sabía realmente si iba a estar bien. No, probablemente no iba a estar bien.

Nayla me miraba, compartíamos el mismo pensamiento, supuse que ella con más intensidad que yo, lo conocía desde hacia más tiempo. Pero de todos modos Hadar no sólo era un dragón tímido que se quedaba en la habitación a echar siestas interminables, él era la conexión con el mundo normal, con los días en los que bajaba a la plaza, y era una adolescente. Con la tienda de dulces, la vida en Soutis, con el principio del verano de ese mismo año, marcha atrás desde Carfana a la paz. Y el último resquicio de vida normal que me quedaba, había abandonado en su empresa porque probablemente no era suya, sino de los demás, y mía. Sobretodo mía. Sin Hadar ya no había coherencia, ni cohesión, ya no éramos tres habitantes de Soutis buscando respuestas, éramos Nayla, yo y un montón de desconocidos. Y los desconocidos nos miraban, desconfiaban entre ellos, y supongo que de nosotras. Abracé a Nayla por el cuello y la sentí corresponderme el abrazo. No quería que se rompiese esa conexión, ella siempre me iba a tener a mi, y yo siempre a ella, aunque nuestro alrededor cambiase. Porque iba a cambiar y no creía que pudiésemos afrontarlo solas.

Los dueños de la casa nos hicieron hueco para dormir en sus habitaciones un poco más tarde. Al pasar por delante de la habitación en la que se encontraban Nayla y Meteoro, los vi durmiendo plácidamente medio abrazados por la puerta entreabierta, y esbocé una sonrisa de tranquilidad. El mediorrojo cuidaba mucho de ella. Seguí mi camino hasta la habitación más pequeña, donde habíamos dejado solo a Cyrus, casi obligados –nadie quería estar en la misma habitación que él-. Parecía dormido cuando entré, pero al leve crujido de mis pies descalzos sobre el suelo se giró con los ojos abiertos.

- Me acuesto ya, vengo a ver si necesitas algo.

- Grog -me acerqué hasta el borde de la cama para evitarle forzar la voz.

- El alcohol licua la sangre, no puedo darte grog.

- …Joder.

- Saldremos mañana pronto, haremos el viaje en un par de caravanas “prestadas” –un préstamo que nos había salido un poco caro, pero así eran los negocios-, podrás descansar dentro.

- ¿Me vais a pasear?

- Voy a tomar cuenta de las consecuencias de mis acciones.

- Si te estuvieses quieta, me evitarías un par de problemas.

- Te dije que te sacaríamos, y que no te matarían. Si te dejo ahora tirado en Lametla no habrá servido de nada.

Apoyé mi mano sobre su codo herido. No me quedaban demasiadas fuerzas, pero puestos a que iba a dormir, no importaba si gastaba las últimas. Además se lo debía. Me costó muchísimo deshacer el nudo de mi garganta y formular las palabras en voz alta, era como si no quisiera decirlas. Quizá porque asumía otra vez mi culpa o por orgullo.

-…Lo siento.

No me respondió, así que continué, probablemente en busca de un perdón egoísta que me liberase un poco de mi carga. Pero estaba exhausta, harta de tanto revuelo, de cómo habían salido las cosas. Más que un perdón, quería un punto y aparte.

- Se que te va a dar igual cuantas veces te lo diga, porque lo hecho, hecho está… pero lo siento. De verdad, siento haberte hecho esto –apoyé la frente en las manos, sentada en el borde de la cama, cavándome mis codos en las frías piernas-. No volverá a ocurrir nunca. Me ocuparé de que estés recuperado en el menor tiempo posible…

- Prométemelo – al girarme me lo encontré mirándome desde la almohada, y con mejor aspecto ahora que no tenía la sangre seca pegada a la piel y la ropa. No pude ni quise negarme.

- Te lo prometo.

Y lo decía en serio.


Rinoa --- 1/26/2008 01:23:00 AM

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Es difícil. Es muy difícil darte cuenta de que las cosas no son siempre como tú las ves o como te han hecho verlas, aceptar que tus decisiones –porque yo podría haber elegido otro camino- son erróneas y además puede que hayan contribuido en acciones incorrectas. Pero ya estaba corriendo calle abajo y dejando atrás eso, siguiendo a un grupo de mercenarios con espadas que me llevaban a no-se-donde.

-…cada vez eres más listo- me murmuré a mi mismo.

Pero era un poco tarde para tonterías. Ella me había dado su confianza, y aun creía en las buenas intenciones de los demás, un poquito. Al menos existía el respeto por un trabajo bien hecho, ellos tenían a su amigo, yo sólo quería salir de la ciudad. Uno de ellos, un dragón plateado, me guió cogiéndome del brazo en la huida con suavidad, hasta llegar a la entrada de una casa.

Tras el recibimiento de nuevos desconocidos, nos prestaron una habitación para curarnos las heridas. Bueno, curárselas, porque yo era casi el único que estaba ileso. Ayudé al plateado que me sonreía amablemente –creo que era amabilidad…- a sentarse en una silla de madera polvorienta mientras revisaba una de sus rodillas.

-Creo que no es grave, sólo muy espectacular.

- ¿Eres médico? – se agachó un poco para mirarme de cerca, como si buscase mi “cara de médico”.

- Sé magia curativa- la herida se curó rápido bajo el toque de mi mano-, en realidad es la única magia que se… -rodeado de dragones bastante imponentes, la verdad era que aquel semidragón plateado era el único con el que me atrevía a hablar.

-Pues es bastante útil –sonrió revisando su piel de vuelta a la normalidad-. Sellion, ¿ no? Mi nombre es Wojnar.

- Encantado –le contesté a la sonrisa. Me guiñó un ojo. Decidí abrir mi campo social antes de que se malentendiese la cordialidad.

Justo en el momento preciso, el azul, aquel que había sido contratado por el propio Meldon, gruñó al dejarse caer en la cama. A su lado había lo que parecía un dragón dorado, intentando curarle sin mucho éxito. Me acerqué a ella.

-¿Te ayudo?

-Sí por favor… - la verdad es que el azul no pintaba nada bien. Podría haberme horrorizado lo que se hacen los seres vivos entre ellos, o el hecho de que fuesen mis hermanos, padres y madres quienes hubiesen permitido tal barbarie, pero el azul estaba ahí, cerrando fuerte los ojos y apretándose el costado- Creo que tiene una costilla rota.

Le examiné con los dedos, y efectivamente tenia más de una costilla rota. Le habían dado una buena paliza. Aunque parecía estar aguantando con bastante dignidad –orgullo, supuse. Abrió un ojo.

-¿Q-quién coño es este?

- Un respeto, que es tu médico-la dorada intentó limpiarle una herida sin mucho éxito con todo lo que se estaba moviendo el azul.

- ¿¡Un humano?! ¡Prefiero morirme! –esputó sangre mientras tosía.

- ¡Calla y estate quieto!

Mientras discutían conseguí ponerle las manos un par de segundos sobre el costillar, al menos lo suficiente para parar la hemorragia interna. Aunque me costó un par más de insultos.

- Lo siento, es imbécil –la dorada se limpió la liquida sangre azul de las manos y se recogió el pelo-. Casi se merece que no le ayudes.

-No me importa.

-Perdón de todos modos, creo que podré arreglármelas sola – me sonrió levemente y levantó la mirada de las vendas manchadas para clavarla en mi. Entre la hostilidad del azul y la amabilidad sospechosa del semiplateado, me reconfortó encontrarme con una actitud más equilibrada. Aunque nunca había sido bueno manteniendo el contacto visual con una mujer guapa-. Una suerte que seas sanador, yo nunca fui demasiado buena en ello.

-Yo sólo soy bueno en eso –le sonreí evitando sus ojos claros.

-Ah…ahí vienen Meteoro y Nayla.

El dragón rojo y la chica con el pelo blanco entraron por la puerta llenos de polvo.

-¿Dónde está Hadar?

Y justo tras ellos, Ella, con comida en las manos. Pasó a mi lado ligera sin dirigirme la mirada, dejó la bandeja en la mesa de madera tosca que estaba al otro lado de la habitación. Quizá ya era hora de pedirle su nombre. Es más, quería saberlo. Casi todos se habían presentado ya el día anterior o sabia sus nombres, menos el suyo. Me miró con total serenidad mientras me acercaba, supuse que me lo diría sin reparos. Era una tontería que no quisiera decírmelo. Aunque a lo mejor no quería que lo supiese… ¿por qué no iba a querer?

-¿Cómo…?

-Tenemos un desertor.

-…¿Qué?

- Hadar. Se ha quedado en tu templo de la luz.



Eiroco --- 1/25/2008 09:35:00 PM

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Me agaché junto a Hadar y observé la herida que tenía en la pierna. No tenía buen aspecto, pero iba a recuperarse en cuanto saliésemos de ahí. Busqué su mirada con los ojos y le sonreí para darle ánimos, pero dejé de hacerlo al instante.

- Nayla, voy a quedarme aquí.- enderecé un poco la cabeza, sin comprender.
- ¿Qué?
- Iros. Ahora mismo sería una carga.- se señaló la pierna herida.- Además, no van a hacerme nada, ya me conocen. Para ellos soy un aprendiz.
- Nayla, vamos.- la voz de Meteoro transmitía agobio, tensión, estrés, de todo un poco, pero ni siquiera me di la vuelta. Hadar sí le miró. Tragó saliva.
- No puedes quedarte.-insistí.

Oí pasos en el pasillo por donde habían desaparecido el acólito y mis dos compañeras. No tardé en oír la voz de Circle, apremiante.

- ¡Vamos!

Meteoro lo repitió con dos segundos de diferencia.

- No…- me giré hacia él.- No podemos dejarle aquí sólo. Vete tú.- torció el gesto.- Tu vas cargado con Cyrus, no vas a poder con él. Déjale fuera y vuelve luego a buscarnos.- le suplique que me diera tiempo sin formular la súplica. Se lo suplique con el tono de voz, se lo supliqué con la mirada.
- ¿¡Qué coño estáis haciendo!?- la cabeza de Circle se asomó unos metros por delante.

Me pareció oír más pasos, pero esos no procedían de delante, sino de detrás. Meteoro pareció oírlo también. Me miró, miró a Hadar y al fondo del pasillo, nervioso.

- Cuanto más tardes en irte, más tardarás en volver.


Al fin, gracias a los gritos de Circle y a la presión de la situación, accedió a regañadientes, cargó de mala gana al cazarrecompensas y se marchó rápido, tan rápido como iba a volver.
Volví a encararme a Hadar.

- ¿Por qué?- le espeté.
- Es un buen sitio para mí.
- ¡No es un buen sitio para ti! Tu sitio esta al lado de tu padre.
- Ya no hay tal sitio.
- No puedes decirlo en serio.
- Aunque no sea un experto en este tipo de situaciones, creo que no son las adecuadas para bromear.- sonrió brevemente. Estaba tranquilo, más tranquilo que en los últimos días. Más tranquilo que nunca. ¿Por qué diablos tenía que estar tan tranquilo?
- Tienes que seguir con nosotros. Recuerda por que nos fuimos. Maldita sea, Hadar,- su entereza me exasperaba hasta limites insospechados. Su nula reacción hacia mis intentos por convencerle para que se moviera le alejaban cada vez más de mi.- ¿Cómo va a ser este tu sitio? ¿No has visto lo que le han hecho a Cyrus?
- Aquí hay paz, hay libros, hay comida, cama, ropa limpia. No hay aventuras ni luchas contra gusanos gigantes.
- ¡Aquí torturan a los que no quieren!
- Aquí puedo vivir sin corretear de un lado para otro.- guardó silencio y me miró. Volvía a sonreír débilmente.- Nayla, las luchas y las acciones heroicas no son para mi.

Abrí la boca para rebatirle eso, pero Meteoro ya había vuelto, y con él los pasos que cada vez estaban más cerca, los gritos que se acercaban inexorablemente.
Y Hadar seguía sin moverse.
Apreté los puños con fuerza y le miré con decisión, sin parpadear. Si él no se movía, yo no iba a moverme. No podía moverme. Él lo sabía.
Giró la cabeza hacia atrás y volvió a mirarnos por última vez.

- Sácala de aquí.

No se dirigía a mi, sino a Meteoro. ¿Esas iban a ser sus últimas palabras?

- Hadar…- no iba a dejarle ahí, pero ni él ni Meteoro eran de la misma opinión. Tiró de mi, me apartó de él y empezamos a alejarnos.- ¡Hadar!

No podía creerme que ese al que estaba dejando atrás fuese Hadar. Era algo inconcebible. No podía estar pasando, no podía ser verdad, pero lo era. Estábamos alejándonos de él a toda velocidad, estábamos dejándole atrás, a él y a los demás sacerdotes que corrían detrás de nosotros sin tregua, pero especialmente a él, que no iba a moverse para seguirnos nunca más.
A medio camino de la salida, los ojos dejaron de escocerme y empecé a llorar abiertamente. Me ahogaba debido al llanto y al esfuerzo de alejarnos de ahí lo más rápido posible, pero no podíamos parar. Si me daba la vuelta estaba segura de poder verles y, pese a todo, no quería que nos atrapasen.

A fuera reinaba el caos. No vi a nadie conocido, pero muchos sí nos vieron a nosotros y empezaron a acercarse. Meteoro tumbó a varios, y al ver que no iba a poder seguir con la ruta prevista, cambio de rumbo. Pasamos por calles oscuras y realmente estrechas, hasta que encontró un rincón que le pareció seguro y nos escondimos ahí, medio agazapados y atentos a los sonidos de alrededor.
Cuando al fin se cercioró de que apenas se oía nada cerca, me miró. No le devolví la mirada. Sentía la cara sucia y acartonada por culpa de las lágrimas, y no quería que él lo viera, aunque estaba segura de que ni la oscuridad impediría que se diera cuenta.
Se acercó más a mí y habló con tono reconciliador.

- Es lo que el quería.- hablaba de forma suave, pero sus palabras no dejaba lugar a dudas.- Puedes hablar con Sellion, él ha estado viviendo ahí, seguro que entenderá los motivos de Hadar y te hará entenderlos.
- Pero no debía quedarse.- susurré.
- Es su decisión. Si se ha equivocado, se habrá equivocado él. Al fin y al cabo es su vida, tiene derecho a equivocarse sobre ella.- guardó silencio. Parecía hacerlo para darme tiempo a asimilar lo que me estaba diciendo.- No se ha ido porque no le importásemos o porque no le importases tú. Se ha preocupado hasta el final.
- No es sólo porque haya decidido quedarse. Hadar y yo nos conocemos desde pequeños. Le quería a mi lado. Me gustaría seguir teniéndole a mi lado.- añadí en un último susurro. Había expresado lo que realmente sentía y pensaba, pero oírlo lo convertía en algo más patético de lo debido y egoísta. Me encogí sobre mi misma.
- Aun me tienes a mí.
- Probablemente te vayas cuando todo esto acabe.- la perspectiva me gustaba muy poco. Él se rió entre dientes.
- ¿Cuando se acabe el qué? Desde que nos conocemos ha habido cosas que han empezado, que han acabado, y que aún continúan. Y que yo sepa, sigo aquí.
- Cuando se acabe esta búsqueda, cuando ya no quede nada más que hacer que intentar volver a la vida de antes.
- Yo nunca he querido vivir una "vida de antes". Siempre he pensado que la única vida posible es el "ahora".- levanté la cabeza.
- ¿Es suficiente con eso?
- Si estás tú, muchísimo más que suficiente.- Volvieron a escocerme los ojos.- Pero entiendo que quieras volver a tu vida de antes. Yo estoy relativamente acostumbrado a este..."ajetreo".- acompañó sus palabras con una media sonrisa.
- Si estoy yo... – suspiré y ladeé la cabeza.- Yo no me voy a ninguna parte. Tampoco es que quiera volver a la vida de antes, porque ya no esta... Y supongo que se puede vivir así, de aquí para allá. Tu lo haces- volví a mirarle- Pero no me gusta que la gente se vaya, aunque sea por propia voluntad…
- Pero son cosas que pasan. Hay quien cambia. Y a quien no le gusta este tipo de vida. Hadar ha visto que esto no era para él, y ha decidido hacer algo al respecto.
- Lo se. Y se por qué, y... Lo se.- callé para aclararme las ideas.- Ya lo se, pero es... difícil.
- Ya. Pero tú eres fuerte.- buscó mi mano a tientas y me la cogió.
- Yo no soy fuerte, o no siempre.- le apreté la mano. Necesitaba sentir a alguien conmigo. Necesitaba sentirle.- Ahora no soy fuerte- las lágrimas empezaron a resbalarme de nuevo por las mejillas.- Tu eres fuerte. ¿Puedes serlo siempre? Porque si puedes, necesito... me gustaría que me ayudes a serlo ahora.
- Nadie es fuerte siempre, Nayla. La fortaleza está en serlo cuando más cuesta, como ahora. No puedo ayudarte como quisieras, porque sólo tú puedes ayudarte. Y sé que lo vas a hacer- sonrió.- Porque he visto la fuerza que hay en ti, y ahora es cuando tú también tienes que verla.- volví a quedarme en silencio.
- Vale. Lo intentaré.- miré al suelo, buscando la determinación que necesitaba, e increíblemente, la encontré.- Lo haré.

Tiró de mi mano, aunque apenas me di cuenta. Levanté los ojos del suelo cuando sentí sus dedos acariciarme la mejilla y llevarse algunas lágrimas con ellos. Quise sonreírle para indicarle que ya estaba mejor y darle las gracias, pero cuando iba a hacerlo, me tomó el rostro con ambas manos y me besó.
Me agarré a su camisa con ambas manos y respondí a su beso.
Fue parecido al primero, pero más suave, más delicado. Y, en cierta forma, sentí que era necesario, que al menos yo lo necesitaba. Era una confirmación de algo que no sabía que tenía que confirmar pero confirmé y, al instante, me sentí mejor.

Cuando nos separamos, volvían a arderme las mejillas. Volvió a pasar una de sus manos por mi mejilla y por el cabello, apartándomelo de la cara. Sonrió.

- Mejor?

Aturdida, confusa o todo a la vez, logré murmurar un “mejor” antes de que carraspease y girase la cabeza hacia la salida. Intenté ver su expresión, pero estaba demasiado oscuro.

- Entonces creo que deberíamos irnos. Deben de estar preocupados.- asentí con la cabeza y empezamos a caminar.
- Gracias por…- hice un aspaviento con la mano.- todo.

No respondió al instante. Me cogió de la mano y se me acercó, con un “shhhht” entre los labios y una precaución considerable durante el camino de vuelta. Al fin, a unas calles de distancia, volvió a acercarse para susurrarme un “ No hay de qué” al oído.


Cuando llegamos a la casa de los amigos de Zeljko, todos estaban dentro. Todos estaban bien, o al menos enteros. De la salud de Cyrus se encargaban Circle y Sellion. Wojnar estaba sentado en una silla y cuando entró Meteoro, sonrió.
Miré a la guardiana de nuevo. Aun no sabía nada de Hadar. Me preguntaba que iba a decir.


Utena --- 12/28/2007 02:45:00 AM

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- Queríamos atacarles desde hace tiempo, Meteoro. Aunque vaya a ser sólo una pequeña lucha, una batalla señuelo en la que tal vez algunos muramos o salgamos malheridos, si va a servirte de ayuda a ti y a tus amigos, valdrá la pena.

Estreché fuertemente el brazo de Zeljko y abracé también a Lane, su mujer, que también estaría en el ataque. Incluso su hija, aunque ahora no estuviera presente porque seguía sin querer verme.

Ya lo habíamos coordinado todo. Sellion afirmó que lo más seguro fuera que torturaran a Cyrus durante una hora, así que habría que esperar ese tiempo para que los anibistas se confiaran y para que lo devolvieran a su celda. Los planos nos habían quedado bastante claros y, afortunadamente, yo tenía un buen sentido de la orientación. Las señales del acólito para que se diera el ataque y nosotros pudiéramos entrar entonces desde atrás también estaban claras. Así que podíamos empezar.

- Wojnar, ya le han debido de hacer efecto tus drogas, ¿no?
- Sí – asintió con la cabeza.- Está consciente, pero no podrá resistirse mucho.
- Perfecto – empecé a recoger mis cosas – Como habíamos hablado. Si se lo entregáramos inconsciente nos arriesgaríamos a que acabaran con él antes de tiempo.

Me giré para bajar hacia el sótano donde estaba preso el azul pero me encontré con unos ojos rojos que me clavaron en el sitio. Bastante mal me sentía ya como para aguantar aquella mirada llena de enfado y de reproche.

- No es culpa mía habernos vistos envueltos en esto, Circle. No teníamos ninguna otra opción. Ni más tiempo para intentar encontrar otra, y lo sabes.

Me detuve un instante a su lado para murmurarle un "lo siento" y seguir hacia las escaleras.

- Ahora sólo nos queda hacerlo lo mejor que sepamos.

*****


Sellion y Hadar estaban dentro cuando nos presentamos allí con Cyrus atado y amordazado. Nos hicieron esperar un momento. Tanto Circle como Cele permanecían alertas, y yo intentaba no perderme ninguno de los movimientos de los guardias de nuestro alrededor y, mucho menos, del azul. Wojnar y Nayla esperaban con Lane no muy lejos de allí.

Al poco, un hombre que se presentó como Meldon nos dio la bienvenida y las gracias por nuestra presencia. No me gustó un pelo. A un gesto suyo los guardias cerraron más el círculo sobre nosotros. Los tres nos pusimos en tensión y no dejé de mirar a los ojos al que parecía el jefe de todo aquello.

- Mil quinientas monedas. Era lo acordado. Dénnoslas y podrán hacer lo que quieran con él. – Me giré y cogí a Cyrus de malas maneras hasta empujarlo entre Meldon y yo. Cayó con una rodilla al suelo. Circle estaría muriéndose de ganas de pegarme. Pero había que hacerlo creíble.
- Han sido ustedes muy rápidos capturándolo – el sacerdote sonrió con sorna.
- Somos muy buenos. Es nuestro trabajo. – repuse estoicamente.

Hubo un momento de silencio en el que sólo se percibía el crujir de la tela de imperceptibles movimientos de los allí presentes. Eso y la respiración entrecortada de Cyrus.

El tal Meldon nos lanzó tres bolsas a cada uno de golpe, cuyo tintineo resonó en la estancia. Abrí la mía y la medio sacudí observando el interior. Sí que parecía que hubieran quinientas. Sentí un golpe de culpabilidad al pensar que el azul sería capaz de decírnoslo con sólo un vistazo o con el peso de las monedas.

- Llevadlo a la sala de interrogatorios – ordenó con voz autoritaria. Los guardias se llevaron a Cyrus de malos modos. El sacerdote me fulminó entonces con la mirada, tal vez cayendo en la cuenta de que no debería haber dado esa orden delante nuestra tan a la ligera. Sonreí interiormente, que las cosas fueran como habíamos previsto era buena señal. – Ustedes desaparezcan ya de mi vista.
- Gracias, Eminencia – contesté con una sonrisa de desprecio en mi boca. Tenía que pensar que realmente éramos como él se creía.

*****


- Están tardando mucho. – oí que susurraba la guardiana desde nuestro escondite.
- Tenemos que confiar en Sellion y Hadar y esperar a la señal. Tranquilízate.

Todo nuestro pintoresco grupo estaba allí. Circle, la elfa y yo en primera fila, Nayla y Wojnar justo detrás nuestra. Claro que había hecho lo imposible para que Nayla no estuviera allí en ese momento, bailando con el peligro. No iba a pasarle nada porque yo no lo permitiría, pero me intranquilizaba. Claro que habíamos discutido y que me había recordado que no era una niña. Y claro que había usado contra mí el hecho de haberla estado entrenando con las cuchillas que le regalaron Zeljko y Lane si luego iba a seguir en plan superprotector con ella. Creo que, tal vez, hasta me puse colorado cuando me dijo aquello. Ni siquiera me había dado cuenta.

De golpe, oímos varios gritos de ataque y de defensa dos calles más allá, en el otro lado del edificio; la puerta principal. Algunos fogonazos alumbraron la noche y teñían el cielo de rojo durante unos instantes. Ya había empezado. Apenas veinte minutos después, vimos el destello plateado cerca de la puerta trasera que habíamos acordado con Sellion como señal y salimos corriendo hacia éste.

- Quedan algunos guardias por la zona y en la puerta de los calabozos, pero el grueso está delante ocupado en el ataque. No… - el acólito me miró un momento, tembloroso, el miedo en los ojos- …no…no hagáis daño a ningún monje.
- Nuestro objetivo son los guardias y sacar al azul lo antes posible, no te preocupes por eso.
Sellion asintió tragando saliva y nos introdujo por una infinidad de pasillos hasta llegar una bifurcación. Hadar parecía moverse tan bien como él y estaba extrañamente callado. Nos indicó unas –afortunadamente- amplias escaleras que bajaban y él ser marchó con el actor para seguir con su papel. Vi como Celebrian le ponía una mano en el hombro al monje antes de despedirse en lo que parecía un gesto de agradecimiento y venía tras nosotros.

Circle y yo íbamos delante, lo suficientemente rápido y decididos para que los dos primeros guardias que nos topamos apenas tuvieran tiempo de reaccionar. Tras cruzar un par de veces las espadas pude dejar a uno inconsciente de un puñetazo. La guardiana pudo hacer lo mismo tras usar la empuñadura de la espada con un golpe seco. Wojnar comprobaba el estado de los tipos mientras seguíamos avanzando.

Al llegar al pasillo de los calabozos ordené que Nayla y Cele cubrieran la puerta junto con Wojnar mientras buscábamos al azul. Haciendo oídos sordos a las voces de los pocos presos que parecían ligeramente cuerdos todavía, encontramos rápidamente a quien buscábamos. Oí como Circle tragaba aire, deteniéndose una milésima ante la visión del cuerpo apalizado del cazarrecompensas. Le llamó por su nombre y el pareció responder. No me distraje y apoyé la palma de mi mano en la cerradura. Había visto palizas peores y seguro que el propio azul las había recibido. Se recuperaría. La energía de mi magia hacía efecto en la puerta, pero demasiado lentamente, debía de haber también algún tipo de protección mágica.

- Circle, ¡tu espada!
- ¿Qué?
- Que claves tu espada en la cerradura y concentres tu energía y tu magia en ella. Combinando con la mía podremos abrirla.

No tardó mucho en ceder. Las armas del alma eran tremendamente poderosas bien usadas. Y estaba claro que Circle empezaba a tener una idea de ello. Se arrodilló junto al azul y juraría que le vi sonreír, o que al menos lo intentaba. Empezó a lanzarle unos pequeños conjuros curativos muy básicos, y me agaché para ayudar yo también en el trabajo. Cuando más se espabilara el azul y mejor se moviera, más rápidamente saldríamos de allí. Le cogí un brazo para pasarlo por mis hombros.

- No-m…me..toques…maldito…
- Sé que es difícil, - le corté- ¿pero podrías dejar de ser un gilipollas durante quince minutos de tu vida y agarrarte bien, imbécil?
- Bas…tardo.
- Capullo.
- ¡¿Queréis callaros los dos ya y moveros?!

A duras penas, Cyrus y yo empezamos a caminar. Al principio le costaba y, aunque no coordinara estupendamente, empezó a coger ritmo según gruñía con más fuerza a cada movimiento y yo cargaba con gran parte de su peso. Por mucho que fuera a él quien le pesara la escena.

Circle y Cele abrían el camino de vuelta. Cuando nos percatamos que habían dado la voz de alarma de intrusos en el templo le dije a la guardiana que cubriera la retaguardia. Nayla no quiso pasar delante con el semiplateado y seguía a mi lado. No sé cuándo apareció Hadar al lado de ella. Pude ver entonces a Sellion encabezando el grupo hacia la salida.

Oí unos gritos a nuestra espalda, pero no podía girarme sin detenerme cargando con el azul.

- ¡JODER! – la guardiana blasfemó y parte del pasillo se derrumbó. Me paré en seco, había notado la ráfaga de viento de las piedras al caer y el polvo nos cubría a todos.
- ¿¡Qué coño ha pasado?! – la voz de Cele desde delante llegó por el pasillo.
- ¡Estamos bien, joder! – Creo que nunca había oído a Circle decir tantos tacos – Esos malditos habían lanzado un hechizo de impacto para alcanzarnos a todos y he podido desviarlo a duras penas con una barrera mágica. Ha impactado en el techo y así estamos.
- ¡Celebrian! - le grité, apoyando al cazarrecompensas contra la pared para descansar mientras ésta tosía y esputaba insultos especialmente dirigidos a mi persona.- ¡Que Sellion te acompañe al pasillo de acceso más cercano a esta zona y cúbrelo, no sea que nos atrapen aquí!
- ¡Está bien!
- Voy con ella – dijo Circle mientras se reponía y corría por el pasillo.
- Ya decía yo… - oí la voz del actor por primera vez aquella noche- …que acabaría mal herido en esta estupidez…
- ¡Hadar! – la voz de Nayla, asustada, me hizo ponerme todavía más en tensión. Cuando el polvo se disipó, pude ver al dragón herido en el suelo, su pierna parecía haber recibido parte de las piedras que habían caído. Nayla estaba arrodillada a su lado y yo no dejaba de oír cada vez más cerca las voces de los guardias al otro lado del muro de piedra. Mierda.
- Ahora es… - la mole de músculos que respiraba entrecortadamente entre mi cuerpo y la pared empezó a hablar - …cuando me tiras al suelo y los salvas a ellos… - levantó la cabeza y me miró a los ojos con una sonrisa socarrona en los labios partidos - …nenaza.

Mierda. Mierda, mierda, mierda.


Lyra --- 12/26/2007 09:39:00 PM

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Maldito mediorrojo, maldita negra y malditos todos. Ya no te puedes fiar ni de las putas monjas. Puto mediorrojo, seguro que esto es cosa suya.

—¿Me estás escuchando? —la Traidora Mayor del Reino, sentada junto a mí, me habla a susurros, supongo que para intentar calmarme. Como si la droga que me han metido no fuera suficiente.

Escuchar. Maldito plan retorcido y estúpido y de hijos de puta. Y luego me llaman a mí cabrón.

—No —toso. Tengo la garganta tan seca que ni siquiera podría escupirle al mediorrojo a la cara, si tuviera los cojones de aparecer.

—¡Trato de encontrar una solución buena para todos!

—¡Pues buscaos un trabajo! ¿Es que tu religión no te impide ser ruín?

—Mira, capullo —se exaspera por enésima vez—, la situación es esta: estás atado a nuestra pared. Meteoro no va a malgastar dinero en ti, y yo no voy a hacerle cambiar de idea. Tú decides: o cooperas, o te jodes. Si no somos nosotros, será cualquier otro. Y no creo que ningún mercenario de Lametla planee entregarte con vida y rescatarte después.

Me revuelvo en el poste al que estoy atado. Mis muñecas se quejan de las heridas y aprieto la mandíbula.

—Rescatarme —intento reírme, pero la sequedad transforma mi carcajada en un gruñido—. Ya. Seguro. Como si el cabrón al que me entregaréis no pensara matarme nada más verme.

—Si es así, lo evitaremos. Necesitamos el dinero para poder continuar nuestro viaje —frunce el ceño al ver que no le presto atención—. Podría no haber sentido compasión por ti y dejarte abandonado en esta celda hasta mañana que te entreguemos. Deberías sentirme agradecido.

Por supuesto. Gracias por atacarme a traición, golpearme, dejarme encerrado en un sitio asqueroso atado a un puto poste durante días y no darme de comer, y por llevarme mañana a que me maten. Realmente agradecido.

—No quiero la compasión de nadie —le espeto—. Estás aquí porque te sientes culpable y porque alguien tiene que traerme agua.

—No me siento culpable, y no te he traído agua —la dorada se enfada aún más. Es lo que tienen las verdades como puños—. Dame una respuesta o me desentenderé de ti.

—¿Y qué coño quieres que te diga? ¿"Entregadme"? Sabes, realmente me das morbo en tu papel de ama de celda, pero no voy a acceder a todas las gilipolleces que me digas.

Espero una hostia durante un par de segundos, pero ella respira hondo e intenta tranquilizarse.

—Te estoy diciendo que te sacaré de allí. ¿Es que no te das cuenta de que te estoy ofreciendo la única opción que va a salvarte la vida?

—¡PUES SUÉLTAME AHORA!

Me callo. Me frustro. La puta realidad va calando en mi mente. Voy a morir mañana, y no va a ser de sobredosis. Mierda. Mierda.

—Si te llevas parte del dinero, ¿accederás?

—Los cadáveres no pueden gastar dinero —esta vez no puedo evitar cierto tono de amargura y agacho la cabeza.

Oigo cómo la dorada se desengancha algo del cinturón, y me acerca una cantimplora a la boca. Me la bebo a grandes tragos. Y encima no es más que agua, joder.

—Gírate ahora para que pueda curarte las muñecas.

Le hago caso y me arrastro para darle la espalda. Pone sus manos en las mías para curarme las heridas que me han causado las putas ligaduras del puto mediorrojo. Cuando me suelta, vuelvo a la posición en la que estaba antes para encararle.

—¿No puedo tener una última voluntad?

—Te he dicho que no te matarán —contesta irritada.

—¡Le estás negando un beso a un moribundo!

—¡No te estás muriendo! —se ruboriza. Se cabrea.

—Dame unas horas y verás.

Pone los ojos en blanco y vuelve a respirar hondo.

—Sólo si accedes a colaborar —me mira fijamente y asiento con la cabeza. No me queda otra opción—. ¿Cómo lo quieres?

—Húmedo.

Se inclina sobre mí y me coge la cara entre sus manos. Le respondo a la mirada. Probablemente esta sea la última vez que bese a una mujer. Joder. Cierro los ojos y siento sus labios contra los míos. Están suaves. Abro la boca para buscar su lengua, y se me adelanta. Le muerdo. Se separa.

Me lanza una última mirada mientras se levanta, supongo que de culpabilidad, y se marcha cerrando la puerta con llave.

Joder, debería haberle pedido una mamada.


BenKo --- 11/11/2007 11:35:00 PM

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Me desperté con un sentimiento de culpa increíble. Pesaba tanto que decidí no desayunar para evitarme además ponerme enferma. El plan de Meteoro era, tenía que admitirlo, bastante bueno. Si todo salía tal y como él había planeado podríamos huir de Lamethla ilesos y con dinero suficiente como para vivir al menos un mes cómodamente. Y en ese tiempo ya habríamos encontrado una fuerte de ingresos nueva. Sólo esperaba que no tuviésemos que capturar de nuevo a un dragón para cobrar una recompensa. Iba a debérselo el resto de mis días y no es que me atrajese la idea de deberle algo al azul.
Dejé la taza de barro en la mesa con mal sabor de boca. Era increíble que hubiese accedido a tal barbaridad.
- ¿No quieres más? -Nayla me sonrió acercándome un plato lleno de comida.
- No, estoy llena.
- Celebriän se retrasa –el rojo habló detrás de su jarra-. Ya debería estar aquí con el monje.
- Sellion -corrigió Hadar. Cele le había prohibido ir con ella, decía que así iría más rápido.
- Quizá nos ha traicionado.
- Claro que no –el actor me interrumpió.
- Eso haría que el plan se fuese al traste-Meteoro y yo intercambiamos una mirada, me limité a levantarle las cejas con fastidio-, y no nos conviene.
La puerta de la posada se abrió tímidamente y dejó entrar un poco de luz, aunque siendo Lameltha, que fuera la hora de comer no suponía el sol brillando en el cielo. Di gracias a la elfa por llegar en ese justo instante y evitar que volviese a discutir con Meteoro sobre lo indiscutible. Traía con ella a un humano de unos veinte años que olía a incienso. No vestía con la túnica que el actor nos había descrito –chico listo- pero sólo le faltaba la aureola. Se presentó amablemente, un poco cohibido, y subimos a las habitaciones para no armar demasiado follón en un lugar público.
Me retrasé adrede para echar un último vistazo a la taberna. Hacía dos días que estaba un poco más llena. Dos hombres (o un hombre y una mujer, pues había uno de ellos que estaba cubierto totalmente por ropajes) se paseaban por los alrededores y se tomaban algo en las posadas a horas concretas. Cyrus desaparecía del mapa entonces. Sabía que le estaban buscando, y nosotros éramos un grupo demasiado llamativo como para no llamar la atención de los cazarrecompensas. ”Si no lo cazamos nosotros, lo harán otros que no piensan volver a rescatarlo.” Subí tras Wojnar antes de que los otros clientes se percataran de mi interés.

La reunión duró poco. Concretaron los últimos detalles del plan, les oí discutir sobre diferentes opciones, pero no participé. Ya me sentía lo suficiente “partícipe”. Y aun así enfadarme conmigo misma o con los demás no iba a cambiar el hecho de que estaba totalmente involucrada. Como fastidiaba no poder encontrar otra salida. Me había pasado la noche buscando cualquier otra forma de solucionar nuestros problemas, y confiaba en que Meteoro también, sabía que no le hacía ninguna gracia tener que depender de algún modo del azul, y menos aun que alguien saliese gravemente herido por su culpa. Pero no había habido forma. Eso me fastidiaba aun más.
Nayla fue la encargada de decirme qué tenía que hacer, buen movimiento teniendo en cuenta que no iba a descargar mi frustración contra ella. Así que bajé a la hora prevista a la parte de abajo de la posada y esperé tomándome cualquier cosa a que Cyrus se dignase a aparecer mientras mi conciencia me acuchillaba.
No tardó demasiado en aparecer. En realidad ni tan solo me percaté de que era él quien había entrado hasta que se sentó a mi lado.
- No me has intentado partir la cara, es una buena señal.
- Mera educación –me aparté el pelo para encararle y me miró a los ojos relamiéndose-. ¡¿Quieres dejar de hacer eso?!
- Entonces, ¿no te apetece pasar la tarde conmigo?
- No.
- ¿No?- Cyrus sonrió encantadoramente.
- No.
- ¿Por?
- Tengo mejores cosas que hacer – me acabé el contenido del vaso de un sorbo.
- Puedo acompañarte...-se acercó peligrosamente, y habría vuelto a arrearle con la espada si no fuese porque precisamente salir de allí con él era lo que se suponía que debía hacer. Muy a mi pesar.
- ¿Vas a estar persiguiéndome allá dónde vaya?
- Te voy a acompañar allá donde vayas para que no te pase nada.
- ¿Tú? ¿El mismo al que he tirado al suelo dos veces va a protegerme?
- Ya estaba herido de antes –frunció el ceño, molesto-. ¿Quieres que te acose la gente por la calle? Si vas conmigo estarás más tranquila.
- ¡Nadie me acosa a parte de ti!
- Me halaga que sólo tengas ojos para mi –sonríe y me contengo para no partirle la cara-, pero tú no te has dado cuenta de cómo te miran los demás, ¿no?
“¿¡Pero qué…?! ¡No pienso ser el maldito cebo!” “¿Vas a decirme que no te has dado cuenta de cómo te mira?” Maldito Meteoro.
- NADIE me mira. Fin del tema.
- Claro que sí.
- Claro que no.
- Yo te miro –suspiré exasperada-¿Y si me estoy quietecito me dejas ir...?
- Haz lo que te de la gana.

Salimos a la calle, no muy lejos de la posada. Le permití que me pasase el brazo por encima de los hombros, qué demonios, íbamos a capturarlo y a encadenarlo para dárselo a una secta. Incluso cuando había intentado no ser el cebo tratándole mal, había servido. Meteoro tenía la irritante costumbre de estar en lo cierto.
Había sido Wojnar quien había descubierto por casualidad un pequeño local o casa abandonada relativamente cerca de la posada y agradablemente lejos de la parte más conflictiva de la ciudad, le habían dado el visto bueno, sobretodo porque el sótano de la casa era una especie de calabozo destartalado. Nadie quiso preguntar que hacían allí abajo originariamente con todo ese material oxidado y varias jaulas rotas con violencia, pero seguro que nada muy tranquilizador. De todos modos habíamos limpiado más o menos el lugar, la idea era que no se fugase en aquellas horas que necesitábamos de margen para terminar de arreglar un seguido de cosas, no que muriese del miedo en mitad de la noche. Era el mejor lugar que habíamos encontrado, nadie solía deambular por esa zona, Cyrus podría quejarse o hacer ruido sin levantar demasiadas sospechas. Además, en Lameltha tampoco se preocupaba uno por los asuntos de los demás. Pasaría desapercibido, o más le valía.
Le conduje poco a poco hasta los alrededores.
- ¿Dónde vamos?
- A un lugar peligroso –frunció el ceño.
- ¿Qué tienes que hacer allí?
- Entregar un paquete – me odiará eternamente por lo que estoy a punto de hacer.
- No te veo con ninguno.
- Eso es porque puedo esconderlo donde no se vea –soltó una carcajada.
- Y luego yo soy el pervertido.
- Es que eres un pervertido –sonreí.
- Eso tiene sus ventajas...
- No se yo que decirte.
La esquina donde habíamos acordado que le llevaría apareció algunos metros por delante de nosotros. Y la alcanzamos rápido.
- ¿Aquí?
- Ajá.
- He hecho bien en acompañarte, no es un buen lugar para que vayas sola.
- ...Oye –susurré, se agachó un poco para estar a mi altura y me contestó en el mismo tono.
- ..¿Qué?
Algo se movió al fondo del callejón. Ese algo eran Meteoro, Nayla y Wojnar, pero el azul estaba concentrado en acosarme.
- Lo siento.
- ¿Eh?
Bajé la mirada.
Se lanzaron rápidamente contra Cyrus, sin darle tiempo a reaccionar, yo me aparté para dejarles vía libre. Y cuando me miró con sus ojazos azules, entre la sorpresa y el enfado, sentí que nunca debería haber accedido a llevar a cabo ese estúpido plan.


Rinoa --- 10/27/2007 08:48:00 PM

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Cuando todos, incluido Meteoro, se hubieron ido, me recosté en la cama, con una expresión que bailaba entre la felicidad y la perplejidad. Miré de reojo hacia la puerta, cerrada y sin ninguna sombra que indicase la presencia de alguien detrás; Se había ido, y esa vez no me había dejado tiempo para pedirle que se quedase conmigo, o yo había estado en las nubes y no se lo pedí. De todos modos, estaba segura de que se habría negado, cosa que no terminaba de entender. Con él a mi lado me sentía bien, y no había nada de malo en quererle conmigo. Y si lo había, en ese preciso momento no me importaba.
Me estiré en la cama, mirando el techo, con sus manchas grandes y pequeñas, y apoyé ligeramente las yemas de los dedos en mis labios. Cerré los ojos, permaneciendo un rato así, hasta que me tumbé de lado, mirando a mi compañera de habitación, tapada completamente, y me dormí echa un ovillo.

* * *

Me desperté lentamente, como si tuviera las pestañas pegadas para poder dormir etermanete. Cuando al fin logré despegarme de las sábanas, esperaba encontrar a Meteoro cerca, como la otra noche, pero no fue así. Entreví a Circle cruzando la habitación en dirección al baño, bostezando, pero sin olvidarse de su educado “Buenos días.”, al que correspondí con una sonrisa soñolienta.
Nos pasamos toda la mañana hablando de nada, tumbadas cada una en su cama hasta que me cansé de estar sola y me acurruqué a su lado, como un perro encantado con su dueño y al que había echado de menos.
Viendo que eso podía alargarse todo el día, decidió bajar a buscar algo para comer, y una vez sola, decidí moverme hasta el cuarto de baño.

* * *

Estaba acicalándome en el baño cuando oí la puerta de la habitación abrirse. Cerré el grifo para escuchar mejor.

- ¿Circle?- pero no fue ella quien me contestó, sino Meteoro.
- Celebriän y Hadar ya han encontrado al acólito, sal cuando puedas.

Noté, con incomodidad, como mis mejillas cambiaban drásticamente de temperatura casi al instante de oír su voz, y cuando me miré en el espejo, las tenía más sonrosadas de lo normal. Agaché la cabeza, apoyé las palmas de las manos en la pica, salpicada de agua reciente y no tan reciente (de hecho, no sabía ni si era agua), y suspiré.
Cuando salí, después de lograr que un mechón del flequillo no se quedase en punta gracias a una horquilla negra, todos estaban distribuidos por la habitación – Meteoro en mi cama y Hadar, Cele y Circle en la de esta última.-, y el plateado iba a hablar; Me senté en mi cama, al lado de Meteoro, para escucharle.
Describió el edificio, la gente que había dentro, el trozo de mazmorras que había visto, la biblioteca y al mismo Sellion. Desde luego, estaba mucho más alegre de lo que había estado en muchos días. Estaba contento hablando de aquello y lo otro, a veces más para él que para nosotros. Volvía a parecer el niño fino y recatado que se paseaba por Soutis, sin preocuparse de tener que salir corriendo, de escalar una montaña o de bajar un precipicio colgado de Meteoro. El recuerdo de aquel día hizo que esbozara una sonrisa, que disimulé cuando cruzamos una mirada y puso cara de extrañado.
El poco aire fresco de Lametla o El Templo de la Luz le habían devuelto la felicidad que había dejado con su familia. Fuera lo que fuese, me alegraba por él, y esperaba que la mantuviese durante el resto de viaje que nos quedaba por delante.

- ¿Seguro que ese chico es de fiar?- Meteoro miró a Cele, quien le miró a su vez.
- Si.- interrumpió Hadar. Todos volvimos a mirarle.- Me ha dado esto.

Con cara de culpabilidad por no haberse acordado antes, sacó un papel gastado, doblado varias veces, que Circle cogió al instante. Cuando lo hubo estudiado con detalle, Cele, sin siquiera mirarlo, se levantó para acercárnoslo. Meteoro fue quien lo cogió y lo examinó más cuidadosamente incluso que la Guardiana. Curiosa por saber lo que había dibujado y escrito, apoyé ligeramente la cabeza en su brazo. Movió un poco la hoja para que pudiera ver mejor, lo cual agradecí levantando la cabeza y sonriéndole.
Se trataba de un mapa del templo, bien diseñado y claro, con las letras un poco borrosas pero entendibles. Era más grande de lo que había imaginado, o al menos su representación hacía que lo pareciera. Pude localizar la biblioteca de la que había hablado el actor, y con sus indicaciones fui capaz de localizar un par de cosas más.
Cuando mi curiosidad estuvo satisfecha, volví a mi posición inicial.

- A cambio de su ayuda, os pide que le llevéis con vosotros hasta la próxima ciudad, a lo que el chico.- señaló a Hadar con la cabeza.- ha accedido.- Circle arqueó una ceja y Meteoro suspiró.
- Qué, hemos viajado con el azul.- el Chico se encogió de hombros.- Sellion es más tratable.- Aun sin conocer al acólito, nadie le rebatió eso.
- Nos está ayudando, es justo.- Le apoyé.

Ninguno de los dos restantes se opuso, y como venía siendo habitual, Cele lo había dejado claro en su frase, “os pide que le llevéis con vosotros hasta la próxima ciudad”, lo que significaba que ella se abstenía de pronunciarse en contra o a favor, no era su asunto.
Los siguientes minutos se emplearon para definir el plan para capturar a Cyrus. Seguía sin parecerme del todo bien, aunque por otro lado, el hecho de sacarlo hacía que me pareciera algo menos cruel. A Circle parecía que le gustaba menos que a mi, mucho menos, y le era difícil encontrarle algo bueno, si es que se lo había encontrado, era mejor no preguntar. Hadar no parecía demasiado atento a las palabras de Meteoro, y Cele mostraba la misma indiferencia que el otro día. Cuando el que parecía haber tomado las riendas de la situación se cansó de intentar sacar alguna idea de la dorada, le explicó su idea: llevar al azul a algún callejón, cerca de un edificio abandonado, y ahí cogerle para entregarle. Sencillo, a primera vista.
Cele habló antes que ninguno de los presentes.

- Cuando lo tengáis todo preparado, volveré…
- Volveremos.- puntualizó su compañero de aventura.
- …volveremos a buscarle para traerle aquí, para que le digáis lo que os parezca que tiene que saber.

Se levantó, dispuesta a irse como ayer, pero esa vez, Circle se levantó con ellas y ambas salieron por la puerta. Hadar, por el contrario, se recostó más en la cama, y cuando se dio cuenta de que le estaba mirando, sonrió y volvió a explicarme más detalles acerca del templo.


Utena --- 9/05/2007 12:51:00 AM

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Nos alejamos de...de Ella –aun no me había dado su nombre- camino al Templo. Normalmente la calidez de las antorchas y el reflejo de la luz en sus ventanas de gruesos cristales me reconfortaba, pero ya no volvería a ser así. Miré la fachada y, como si la viese por primera vez, estaba deformada, sucia, agrietada y me miraba desafiante. Hadar abrió la boca en una pequeña “o” al ver los grabados más de cerca. La mía se tensó en una fina línea de silencio y descontento. Pero no fui capaz de maldecir en voz alta.

Dimos un paseo corto, algo apresurado, intentado que lo recordase todo. Por suerte llevaba una pequeña libreta donde apuntó los detalles que le susurraba. Un par de veces nos cruzamos con otros acólitos o miembros de la Familia, pero Hadar, totalmente metido en el papel, les saludaba con una gran sonrisa y declaraba ser una nueva incorporación.
Lo guié por los pasillos principales, y le indiqué el camino más fácil hasta llegar ala antigua salida a las cocheras, que actualmente era simplemente una vieja y roída puerta en desuso que daba a un estrecho callejón atravesado por un canal de alcantarillado. Me pareció una buena forma de salir de allí, además se encontraba convenientemente cerca de las mazmorras. Intentamos bajar por ellas, y pudimos avanzar hasta las primeras puertas, pero llegó a lo lejos la luz de una antorcha y salimos corriendo escaleras arriba antes de que alguien nos viese donde no debíamos estar.
No pude llevarle más allá o habría sido sospechoso, así que nos dirigimos a la biblioteca, yo buscando un plano decente mientras él hacia guardia.

Me pregunté qué demonios hacía ayudándolos. Sí, me había llevado la maldita decepción de mi vida, pero pagar traición con traición no me parecía realmente adecuado. Y en el instante que pensé eso, me di cuenta de que quizá esos valores sólo eran inculcados. Quizá mi visión del bien y del mal estaba deformada inevitablemente por todos estos años de mentiras. Quizá TODO en mi era falso.
Me apoyé en la estantería sintiendo que me iba a dar un patatús. Intenté recobrar la estabilidad dejando la mente en blanco, pero me fue difícil no pensar en absolutamente nada. Demasiadas partes de mi vida cayendo, rompiéndose y amontonándose. Mis acciones y mis favores a la Familia quizá habían llevado consecuencias nefastas a inocentes. Había contribuido a traer mentes tiernas a un lugar lleno de corrupción. Y es que aquella conversación entre estanterías sólo había sido la primera. Después de eso me encargué de estar atento a todos y cada uno de los susurros a los que nadie nunca prestaba atención, y descubrí tratos sucios, prisioneros en las mazmorras que, técnicamente, sólo tenían que ser un almacén. Prostitutas demasiado cerca del Templo, materiales de dudosa legalidad. No era más que la misma mierda que cubría toda la ciudad, pero con una bonita y brillante mascara.
Me dejé caer hasta el suelo, revisando sin mucho entusiasmo lo que parecía ser aquello que buscaba. El dragón estaba hablando con alguien, distrayéndolo. Y entonces recordé la voz y las palabras de Ella, cuando me había explicado su plan: “No es que sea mi problema, pero los demás –unos más que otros- no creen que sea justo dar la vida de alguien a cambio de una bolsa de monedas. No vamos a poder sacarlo sin tu ayuda.”
¿Estaba haciendo esto por mí? ¿O lo estaba haciendo para salvar una vida..? Algo en mi interior me dijo que creerme que lo hacía simplemente para salvar a alguien era una de las mentiras más grandes que podía decirme a mi mismo. Sí, era una venganza, era mi forma de escapar de la ciudad con seguridad y era la forma de evitar una muerte. Eran muchas cosas. Y me prometí que dejaría los errores en Lameltha y todo empezaría de nuevo para mí fuera de ésta.
- ¿Lo has encontrado? - Hadar asomó sus ojos entre los libros.
- Sí.

Lo acompañé hasta el puente, donde Ella aun nos esperaba con cara de sumo aburrimiento. Le tendí el plano, enrollado y protegido por pieles, aun en mi propio mundo.
- Volveremos a vernos, para concretarlo todo.
- Bien.
- Quizá la próxima vez deberías venir tu a donde nos alojamos. Vendremos a buscarte.
- Sí, será lo mejor.
Me despedí educadamente de ellos y volví a mi lugar en el puente. El pantanoso contenido del río burbujeando y retorciéndose en si mismo quedó en otro plano, difuminado. Suspiré pesadamente.


Eiroco --- 8/31/2007 04:48:00 PM

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Nayla Meteoro Circle Hadar Cyrus Wojnar Celebriän Sellion
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Desde que el mundo es mundo, los dragones y los humanos han habitado esta tierra sin problemas. Apenas se relacionaban entre ellos, pero vivían en paz. Cada especie habitaba diferentes zonas del planeta y rara vez había poblaciones de las dos razas relativamente cercanas.
Pero los tiempos empezaron a cambiar, las dos razas sentían curiosidad por la otra y empezaron a relacionarse, para bien o para mal. Hubo estudiosos que investigaban sobre la otra especie, los dragones lograban tomar apariencia humana y así incorporarse a las sociedades de los hombres. Hubo humanos que empezaron a venerar a los dragones, y hubo otros que empezaron a odiarlos. A odiarlos y temerlos, lo que llevó tanto a su persecución como a su destrucción. Pero la ignorancia y temeridad de los hombres eran grandes en aquella época, y pensaban que los dragones eran simples bestias. Y fue así como empezó el Dolor. (more)

Nos encontramos en la larga época que transcurrió entre el Dolor y la Paz. El Dolor fue una época dolorosa, pero deben olvidar y perdonar, o seguir sufriendo y vivir en el rencor eterno? Enterra clama ser curada y volver a ser la que era...lo conseguiremos?
Bienvenido/a a Dissipating Sorrow.

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